Las perspectivas de las tasas de interés en los mercados mundiales, la hegemonía del dólar y la crisis financiera de El Salvador

 

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La Reserva Federal Estadounidense (FED) ha mantenido las tasas de interés de referencia por debajo del 0.25% desde 2008. Esto, acompañado con una expansión de su balance mediante programas de compras de deuda a través de emisión monetaria, en los tres episodios de su política de Flexibilización Cuantitativa (QE) en 2008-2010 (QE1), 2010-2011 (QE2) y 2012-2014 (QE3). A partir del último trimestre de 2014, la Reserva Federal termina el último tramo anunciado de la QE y a partir de ahí se ha mantenido la especulación sobre una próxima subida en las tasas de interés.

Convencionalmente se trata al interés como el precio del dinero, de forma análoga al salario como precio del trabajo. Sin embargo, esta premisa se basa en un abordaje metodológico que no considera las condiciones históricas objetivas ni el vector socio-tecnológico de la estructura económica.

Así, el salario, más que el precio del trabajo, se trata del valor por el que capitalistas enajenan del uso de la fuerza de trabajo a trabajadores y el producto de esta fuerza de trabajo, concretizada en procesos productivos, es una masa de valor expresada en mercancías. El valor de la fuerza de trabajo tendería a ser el valor necesario para asegurar la reproducción de esta fuerza de trabajo, es decir, lo suficiente para mantener las condiciones medias de la clase trabajadora y sus familias. Si los salarios son inferiores a este nivel, existe una sobreexplotación de la clase trabajadora y permite la obtención de ganancias extraordinarias por parte de capitalistas.

El producto de la fuerza de trabajo es entonces una masa de valor, expresada en mercancías, que es propiedad de capitalistas, en tanto han remunerado a trabajadores por hacer uso de su fuerza de trabajo. Esta masa de valor puede incrementarse a partir de aumento de productividad del trabajo, ya sea por ampliación de la jornada de trabajo, intensidad del trabajo o cambios en el vector socio-tecnológico. De esta masa de valor generada por la fuerza de trabajo se utiliza una parte para pagar salarios, y el excedente de valor, plusvalor, es utilizado por capitalistas en el marco del proceso de acumulación.

Este plusvalor, generado por la fuerza de trabajo en la producción de mercancías, es repartido entre distintas facciones de la clase capitalista y el Estado. Así, la retribución del capital productivo, referido al capital en funciones para la producción de mercancías, y del capital comercial, que se refiere al capital en funciones para la circulación y realización de las mercancías, se rige por la tasa media de ganancia, industrial y comercial respectivamente. Mientras, el capital dinerario, aquel capital que se expresa en la forma dinero cuyo destino potencial es el mercado de mercancías y de trabajo para hacer uso productivo de medios de producción y fuerza de trabajo, se encuentra retribuido por la tasa de interés.

En la economía capitalista, por tanto, la tasa de interés implica la parte del plusvalor que remunera al capitalista dinerario en la medida que representa la propiedad privada de los medios de producción, frente al capitalista empresario, que personifica al capital en funciones, y es remunerado por la ganancia empresarial. Así, el capital dinerario se basa en la premisa que el dinero puede funcionar como capital y como mercancía-capital.

Existe una diferencia esencial entre la determinación de los precios de las mercancías o salarios y la tasa de interés. Si bien los salarios deberían tender al valor de la fuerza de trabajo, ésta actúa como un eje gravitatorio en torno al cual oscilan los salarios, obedeciendo a las fuerzas de oferta y demanda de trabajo. De igual manera, el valor de las mercancías está dictado por la cantidad de trabajo socialmente necesario para reproducirlas, que se expresaría monetariamente en un estadio intermedio de precios de producción; sin embargo, el precio de mercado de las mercancías se verá alterado según las condiciones de oferta y demanda. Tanto el salario como el precio de mercado de las mercancías pueden variar por la oferta y la demanda, mantienen un centro de gravitación socialmente establecido y que frente a grandes desviaciones de los valores de mercado tenderá a imponerse, de ahí el fuerte ajuste de las bolsas de valores luego del estallido de las crisis.

En el caso de la tasa de interés, la oferta y demanda son las fuerzas que determinan la misma tasa de interés. No obstante, la tasa de interés no puede tomar cualquier valor, ya que al ser parte del plusvalor generado, su techo máximo es la tasa de ganancia, que debe ser compartida por capitalistas industriales y comerciales. En el largo plazo, la tasa de interés cae porque el desarrollo del sistema de crédito y la concentración del crédito aumenta la oferta de fondos.

Es decir, que la tasa de interés se determina por la oferta y demanda de créditos que permitan la circulación del dinero en cuanto capital. La fuerte emisión monetaria realizada por las autoridades monetarias de las principales economías capitalistas (Reserva Federal Estadounidense, Banco Central Europeo y Banco de Japón) ha creado un stock de dinero que ha aumentado las reservas de los grandes bancos y corporaciones que acumulaban liquidez para reestructurar sus balances.

Esto se puede comprender en el marco de la crisis de sobre-acumulación de la economía capitalista. Y es que el proceso de acumulación, fundamentado en la transnacionalización de capitales y uniformización de la explotación al trabajo, produjo un crecimiento acelerado que se tradujo en dicha sobreacumulación. Es decir, que las economías han crecido tanto que se vuelve difícil movilizar la masa de recursos necesaria para continuar el crecimiento.

De ahí que, a partir de estas condiciones, las empresas y la clase capitalista en general han forjado un exceso de liquidez, en tanto aumentaron las ganancias corporativas mientras disminuye el flujo de inversión para incrementar capacidades productivas. Este exceso de liquidez puede tener dos vías de flujo, por un lado esta plusvalía, y por extensión, los fondos de amortización del capital se atesoran, o por otro lado, la plusvalía que no va a la producción se vuelca a los mercados financieros, con lo que aumentan los precios de los activos, en medio del crédito abundante. Ambas vías explican que las tasas de interés se mantengan bajas.

Según la revista The Economist, las compañías estadounidenses no financieras tendrían efectivo líquido aproximadamente 1.8 billones de dólares, y las corporaciones inglesas tenían fondos equivalentes al 6.2% del PIB, cifras récord en más de 30 años. La firma contable Deloitte demuestra que, para 2013, las empresas no financieras, a nivel global, tenían fondos por 2.8 billones de dólares, de los que buena parte se destina a los mercados financieros, el estadounidense en primer lugar, y en menor medida el europeo.

Esto, se puede observar en las tendencias de los agregados monetarios. Las series de Europa y Estados Unidos,  muestran un quiebre estructural a partir de julio de 2008. A partir de ese momento, para 2014, el agregado monetario M1, que hace referencia al dinero circulante y depósitos a la vista, ha aumentado 46.5% en Europa y 98.9% en Estados Unidos, con mucha influencia de las inyecciones de los programas de flexibilización cuantitativa.

Es importante señalar la diferencia entre la dinámica del agregado M1 y M3. Este último, además de los componentes del M1 (circulante y depósitos a la vista), está integrado por depósitos a plazo y el stock de títulos valores. De modo que a través del M3 se puede evidenciar la escalada de la importancia del sistema financiero en el juego de la liquidez, en tanto en la tendencia al alza del M3 se encuentra reflejado que, a pesar de un breve estancamiento entre el primer trimestre de 2009 y el primer trimestre de 2011, la búsqueda de capitales hacia el mercado financiero es una dinámica que se desarrolla previo a la crisis y continúa de manera acelerada.

Estas condiciones generan un entorno propicio para maniobras de alta especulación, donde se impone la lógica de la ganancia. Resalta aquí la participación de empresas que se dedican a comprar compañías cerca de la quiebra, a través de deuda, para hacerlas rentables y volver a venderlas con grandes ganancias a costa de despidos y precarización de las condiciones laborales. A fines de 2013, estas empresas tenían en stock 18 mil empresas, 1.1 billones de dólares líquidos y controlaban un negocio global de 3.3 billones de dólares.

Estas condiciones explican la tendencia de los precios de las acciones en Wall Street que han aumentado muy por encima de lo que lo hacen las ganancias. No obstante, esta valorización no se corresponde a generación de plusvalía, es decir que no hay nuevo valor agregado, y por tanto no hay nuevo poder de compra, de modo que este proceso no implica desarrollo productivo.

A partir de estas condiciones se comprenden las tendencias de las tasas de interés. La tasa LIBOR comenzó a caer luego del estallido de la crisis financiera en 2007 y se han mantenido por debajo del 1% desde 2009 e inferior al 0.5% luego de 2012.

Gráfico 1 tasa LIBOR

Sin embargo, es importante conocer los vicios de la fijación de la tasa LIBOR. Para determinarla, los 16 mayores bancos de Europa informan a la plaza financiera de Londres la tasa a la que están dispuestos a prestar dinero a otros bancos. En Londres se elabora un promedio de esas posiciones y de ahí surge la LIBOR. Este proceso ha estado envuelto en diversos escándalos que han resultado en penalizaciones a parte de estos bancos. Según un informe de la Comisión Europea, Deutsche Bank, Braclays Royal Bank of Scottland, UBS de Suiza y otros bancos europeos acordaban proponer diariamente tasas ficticias con el fin de beneficiar sus propios negocios.

La tasa Prime, que es la tasa de interés a la que los bancos comerciales estadounidenses cargan a sus clientes más solventes, generalmente grandes compañías. Esta tasa sirve como parámetro de referencia para establecer otras tasas en créditos como vivienda, tarjetas de crédito o pymes. Es afectada por las condiciones del mercado, la disponibilidad de reservas y el nivel general de las tasas de interés.

La tasa Prime disminuye a partir de 2001 y se mantiene relativamente estable hasta 2004, cuando comienza un rápido ascenso que lleva la tasa desde el 4.01% en junio de 2004 a 8.25% en julio de 2006. Esta tasa se congela hasta agosto de 2007 y se produce una rápida caída, consecuente con los aumentos de liquidez debido a las inyecciones del programa de flexibilización cuantitativa. A partir de enero de 2009, la tasa Prime se mantiene fija en el 3.25%.

Gráfico  2 tasa Prime

Estas tasas se encuentran entonces vinculadas al movimiento de los bonos del Tesoro estadounidense, al considerarse los instrumentos financieros libres de riesgo y, por tanto, la base de las tasas de referencia. En el gráfico 3 se muestra que al igual que la tasa Prime, los rendimientos de los bonos del Tesoro disminuyen a partir de 2001 hasta 2004 y se mantienen relativamente estables entre 2006 y 2007. Es importante destacar la reducción de los spreads entre el rendimiento de los bonos de corto y largo plazo, en este periodo las tasas se mantuvieron entre la franja de 5.44% y 4.54%.

Si bien luego del estallido de la crisis financiera de 2007 la tendencia de los rendimientos de los bonos es hacia la baja, los rendimientos de corto plazo son los que sufren la mayor caída y desde enero de 2009 se mantienen por debajo el 0.5% los rendimientos de los bonos con vencimiento inferior a los 2 años. El spread entre las tasas de corto y largo plazo alcanza hasta 2.3% en marzo 2015, lo que refleja condiciones de baja expectativa de realización del plusvalor, lo que se corresponde con el proceso de sobreacumulación de capital abordado.

Gráfico  3  tasas de interés  Bonos del Tesoro

En octubre de 2014 se anuncia el fin del tercer tramo de la flexibilización cuantitativa de la Reserva Federal. A partir del anuncio se ha generado una serie de expectativas con respecto al incremento de las tasa de interés, vinculado con los efectos en la economía a través de los estímulos que se generarían en mecanismos de créditos.

En cuanto se expande el crédito sin respaldo en la acumulación real, aumenta el capital ficticio, esto es, un stock de títulos que representan valor inexistente. En tanto este capital se forma por capitalización, sus montos de valor pueden aumentar o disminuir en forma totalmente independiente del movimiento del capital real subyacente. Mientras estas condiciones se mantengan, un aumento relativamente rápido de las tasas de interés generaría la pérdida de enormes masas de valor.

En cuanto a la Reserva Federal, sus activos constituyen un stock de bonos gubernamentales, bonos del Tesoro y seguros respaldados por hipotecas, mientras que los dólares que emite para adquirir estos activos son sus pasivos correspondientes. Las QE suponen  entonces una fuerte expansión en ambos lados del balance de la FED.

La mayoría de sus activos son a largo plazo (bonos y deuda hipotecaria), mientras sus pasivos son todos a corto plazo, pasivos corrientes. Los dólares emitidos son depositados en la FED por muchos bancos, que pueden exigirlos en cualquier momento. Los préstamos de mayor vencimiento pagan rendimientos más altos que los de corto plazo. En la medida que las tasas sigan bajas, la FED puede continuar endeudándose a corto plazo y prestando a largo plazo.

Supongamos que la tasa de interés de la Reserva Federal se elevara al 1%. En lugar de pagar 0.25% de sus pasivos a corto plazo, tendría que pagar el 1%. Esto le disminuiría su ganancia del 1% año sobre año, si los bonos a 10 años aún dieran un rendimiento del 2%. Eso equivale a una caída de más de un 40%, pero aún tendría un ingreso neto positivo. ¿Qué pasa si las tasas continúan elevándose de vuelta a sus normas históricas, del 1% al 2.5%, o aún más? Entonces la Reserva Federal tiene un gran problema. Si sus activos producen 2% pero tienen que pagar 2.5% de sus pasivos, entonces tiene un flujo negativo y carece de liquidez. En lugar de ganar agradablemente $49 billones al año, ahora debe $14 billones.

Además, en el lado de los activos, cuando los rendimientos de los nuevos Bonos del Tesoro a diez años se elevan, baja el precio de los bonos existentes que han adquirido a un rendimiento más bajo. Esto es porque los bonos adquiridos previamente deben ser descontados de la tasa actual del mercado si se venden en el mismo –no a la tasa a la que originalmente los compraron.

De modo que si las tasas se elevaran lo suficiente, la Reserva Federal incurriría pérdidas en ambos lados de su balance.

¿Cómo respondería el resto del mundo a una institución financiera atrapada en esta posición? La Reserva Federal perdería toda credibilidad a los ojos del sistema financiero mundial. A su vez, el dólar estadounidense perdería credibilidad porque está a cargo de la Reserva Federal. Los bancos mundiales no sólo se alejarían y posiblemente desecharían ellos mismos los bonos gubernamentales estadounidenses, sino que probablemente abandonarían también al dólar en favor a otro activo más seguro.

En este marco de la economía mundial, en el cual estamos totalmente inmersos por ser un país dolarizado, por tener una deuda 100% dolarizada y por no contar con instrumentos de política monetaria y cambiaria para administrar este problema;  si las tasas de interés suben, El Salvador se vería gravemente afectado, se incrementaría el servicio de la deuda que se tiene y las exportaciones, que están denominadas en dólares, se harían más caras y menos competitivas.

Esta situación se agrava más con la última calificación de las Fitch que acaba de degradar la categoría financiera en El Salvador, lo cual implica que todo financiamiento que se haga de ahora en adelante tendrá tasas de interés más altas de las que hasta hoy se han conseguido.

Según el presupuesto de 2015, el pago de intereses ya suma  $537.2 millones de un servicio total de deuda de $759 millones para este año;  este servicio de la deuda ya absorbe el 18% de los ingresos tributarios del Estado -que es casi su única fuente de ingreso-, cabe resaltar que los ingresos tributarios son la fuente de ingreso principal para el Estado ya que éstos son el origen del 94% de sus ingresos financieros.

Este panorama actual ante la perspectiva de una escalada de las tasas de intereses en los mercados mundiales  financieros, agravados por la  descalificación creciente de  la economía salvadoreña, por parte de las calificadoras de riesgo como las Fitch, ante estos mercados nos presenta un panorama  de un costo financiero creciente de la deuda que le pone más velocidad a la trampa de la deuda que ya tiene el país.

Por tanto, el problema de la deuda en El Salvador que ya es insostenible, por representar más del  158% del PIB en el 2014, la crisis del mismo se profundiza en la perspectiva de la subida de las tasas de interés.

O El Salvador cambia su política del manejo de la deuda que hasta ahora ha implementado, lo que implicaría buscar una renegociación (que incluya moratoria de la deuda por 10 años  con los organismos multilaterales, condonación de la deuda bilateral- es decir con los gobiernos de otros países-,  y la aceptación de la incapacidad de pago que ya técnicamente vivimos y que nuestro país mantiene con la complicidad de la banca multilateral), o El Salvador caerá en una situación de una dimensión parecida a la de Grecia por no buscar anticipadamente alternativas que se salga del marco vicioso que tienen los organismos internacionales como el BM, BID, FMI, los  fondos privados de inversión, los cuales tienen como objetivo que los bancos sigan lucrándose a costa de los pueblos como sucede en  países  como El Salvador, Grecia, España, Portugal, Italia, etc.

No podemos permitir llegar a realizar lo que el gobierno de izquierda en  Grecia acaba de hacer: traicionar a su pueblo que le dio su apoyo en el último referéndum del 5 de julio, en el cual el 65% del pueblo le dio al primer ministro el mandato y el poder de decir  no al neoliberalismo, no al euro, no a la  Unión Europea, ni al Fondo Monetario,  quienes  los están matando de hambre y desesperación mediante una guerra psicológica, de empobrecimiento y desempleo.

No obstante  ahora el gobierno de Grecia  ha aceptado una propuesta de todos los organismos mencionados anteriormente, con unas condiciones más graves  de las que habían antes y por las cuales se hizo el referéndum, ofreciéndole a Grecia $94 mil millones con una serie de medidas (que analizaremos en el próximo artículo),  con la gravedad que el Fondo  Monetario ya publicó un estudio que este monto no resuelve nada y que se proyecta que en los próximos años la deuda de Grecia pasará de  177% de su PIB a más del 200% de su PIB, esta es la ruta de El Salvador si no cambiamos el rumbo que se lleva.

Con la subida de intereses a nivel global agravado por las Fitch, los intereses podrían llegar a convertirse  en una carga altísima para el presupuesto del Estado. Actualmente el servicio de la deuda pública ya representa el 18% de los ingresos tributarios del Estado salvadoreño.