Las Burbujas Financieras no se detienen, dando perspectivas inciertas a la economía mundial del 2017

El sector real de la economía global mantiene problemas derivados de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia. Estos problemas de crecimiento de las economías se han trasladado como burbujas en el sistema financiero, en la medida que los capitales buscan la rentabilidad que provee la negociación financiera frente a los problemas de rentabilidad en el sector real.

Esta dinámica en la que se destinan más capitales al sistema financiero y se buscan eludir los problemas de acumulación mediante el crédito y la constante generación de burbujas especulativas, ha expandido la deuda, tanto para hogares, como para empresas y gobiernos. Las economías capitalistas más desarrolladas, en el segundo trimestre del año 2016, presentan niveles de endeudamiento público y privado del 250% al 388% de su PIB, ante una economía con problemas de sobreacumulación, que la única forma de mantenerse creciendo ha sido a través del endeudamiento.

El peso de la deuda privada (hogares y corporaciones no financieras) en la composición de la deuda, es mayor al de la deuda pública, con excepción de Japón. En esta estructura es importante destacar que los montos de deuda son créditos controlados por el sistema financiero, es decir, es expresión de capital dinerario y representan la base para la creación de los instrumentos de derivados, como la concreción actual del capital ficticio junto con las oscilaciones en los precios de los títulos, asociados a la negociación en los mercados, más que a rendimientos de capital productivo.

Por tanto, el panorama de la deuda debe ser vinculado con la emisión de Valores Financieros de Derivados, denominados así por tratarse de instrumentos derivados de la estructuración de paquetes de deuda. Para 2015, los 25 principales holdings de bancos multinacionales poseían un stock de Derivados por 288.3 billones de dólares, respaldados con activos por US$ 14.1 billones, es decir que el capital ficticio creado a partir de los instrumentos de Derivados ascendía a 20.4 veces al monto de los activos que representaban. Si se comparan estos valores con el PIB mundial del año 2015, de US$ 73.17 billones, se puede observar que estos 25 holdings han creado un capital ficticio equivalente a 3.9 veces la producción mundial anual.

La cifra de derivados de US$ 288.3 billones en poder los 25 principales holdings mencionados, es un componente de una deuda total de derivados por US$ 492.9 billones, a diciembre de 2015. Este monto equivale a 6.7 veces el PIB mundial, monto que incluye los valores basura. El valor de mercado que representan los US$ 400 billones, de derivados, es de apenas US$ 14.5 billones, valor que se mantiene disminuyendo desde junio de 2009, cuando alcanzó su máximo de US$ 35.2 billones. Esto plantea un serio riesgo para la estabilidad financiera global, en la medida que, con el lento crecimiento que se prevé en los próximos años, la posibilidad de una fuerte corrección en el mercado de derivados se vuelve inminente; en los últimos tres años, las negociaciones de derivados en mercados OTC han caído ya un 30.6%.

Esto, después de la crisis financiera que ha sacudido los mercados y ha orientado a los Estados a asumir las obligaciones bancarias tóxicas como parte de deuda pública, ha conformado una nueva burbuja de deuda de los Estados.

De modo que la dinámica de expansión del sistema financiero, como mecanismo para contrarrestar los problemas de acumulación, se mantiene. Luego del estallido de la burbuja inmobiliaria, el vehículo para superarla ha sido la creación de una nueva burbuja, esta vez en el marco del incremento de las deudas soberanas de los países.

Tal comportamiento se comprueba con la tendencia de endeudamiento del sector privado, que ha sido históricamente superior a la tendencia del endeudamiento público, tanto en Estados Unidos como en la Unión Europea. Sin embargo, a partir de los episodios de inestabilidad en los mercados financieros producidos por la burbuja inmobiliaria, el endeudamiento del sector público se ha disparado, mientras que la tendencia de la deuda del sector privado ha caído casi simultáneamente.

Es decir que la expansión atrófica del sistema financiero se ha trasladado a los Estados y con ello las preocupaciones de los representantes del capital financiero por asegurar las condiciones de pago. La búsqueda de solución a una burbuja financiera ha generado el germen de una nueva burbuja, de modo que el mecanismo de deuda continúa para difuminar los efectos de la crisis de sobreacumulación como telón de fondo. El mecanismo de transmisión, de la crisis bancaria de la burbuja inmobiliaria a una crisis de deuda soberana, ha sido principalmente a través los programas de compras de activos tóxicos.

Los bancos centrales han expandido sus activos con emisiones monetarias (que son sus pasivos correspondientes) y han inyectado liquidez en la economía a cambio de activos de alto riesgo a largo plazo. Así, el riesgo de impago de los derivados se transfiere a las finanzas públicas, y las instituciones financieras privadas adquieren liquidez que, al mantenerse irresoluta la crisis de sobreacumulación, destinan a expandir más las finanzas estructuradas y a adquirir bonos de deuda soberana de otros Estados.

Las relaciones entre ganancias y capital, ganancias y activos, y capital y activos, están sometidas a las mismas leyes que rigen los procesos de valorización y desvalorización de todo capital. Por eso, al margen de las reglamentaciones, cuando los bancos tuvieron altas ganancias durante la década de 1990, el ratio capital / activos tendió a aumentar: desde un promedio de 6% a fines de 1980, al 8% en los años de 1990. Incluso si se evaluaba el capital del banco según el valor de mercado (esto es, según la cotización de las acciones bancarias), a mediados de la década de 1990 el ratio llegaba al 15%. Era un reflejo de las elevadas ganancias, los jugosos dividendos y la valorización de las tenencias accionarias.

Sin embargo, cuando estalló la crisis financiera, esas valorizaciones se derrumbaron, y gigantescas masas de capital se evaporaron de la noche a la mañana. Es que no hay forma de que el capital del banco pueda hacer frente a montañas de activos incobrables cuando se desata la crisis, como lo demostraron las quiebras de Bearn Stearns y Lehman, o los muchos otros bancos que fueron salvados por el Gobierno de EE.UU.

Un punto central que no debería pasarse por alto, es que buena parte de los títulos que tienen los bancos en sus balances, solo representan “exigencias y títulos acumulados sobre la producción futura” (Karl Marx, El Capital, Tomo III), y su valor dinerario no representa capital alguno (si se trata de títulos públicos), o está regulado de forma independiente por “el valor del capital real que representan” (véase sobre capital ficticio aquí). Esto significa que, si no se genera la plusvalía, los valores de esos títulos terminan derrumbándose, y tanto el capital bancario, como el capital dinerario que financia el apalancamiento del banco, se desvalorizan y, en última instancia, colapsan. No hay forma de que el capital bancario, o el capital financiero, puedan dominar estos procesos, que son objetivos.

Pero además, el valor de mercado del capital accionario del banco es, en parte, especulativo, y un período de bajas tasas de interés, como el actual, puede impulsar alzas de los precios de los activos, o del capital accionario del banco, no sustentadas por ganancias reales. Incluso las reservas líquidas están constituidas en parte por papeles, títulos cuyos valores de mercado oscilan con las variaciones de la tasa de interés. Por lo tanto, las subidas en la razón capital / activos no necesariamente reflejan la buena salud de los bancos. Más precisamente, si el alza está sostenida en la especulación, es solo el preludio de la inevitable desvalorización posterior.

Este año, los grandes bancos europeos y japoneses, con el Deutsche Bank en primer lugar, se han colocado en el foco como potenciales disparadores de una crisis financiera. En 2015 tuvo pérdidas por 6,800 millones de euros, casi el doble de los € 3,900 millones que perdió en la crisis de 2008. En el segundo trimestre de 2016 su ingreso neto cayó a € 18 millones, desde € 796 millones en 2015. Para hacer frente al peligro de descapitalización, en 2010 y 2014 recaudó unos € 20,000 millones vendiendo acciones y emitiendo bonos contingentes. Pero con sus balances negativos, su razón capital / activos se acerca peligrosamente a los niveles mínimos permitidos para funcionar; además, suspendió el pago de dividendos por dos años, y se propone despedir unos 9,000 trabajadores. Hasta septiembre de 2016 sus acciones habían caído un 45%.

También el Commerzbank, el segundo mayor banco comercial alemán, está en una situación complicada. Sus problemas se deben, principalmente, a la caída de la actividad económica en Alemania, donde tiene la mayor parte de su cartera de préstamos. Este año el Commerzbank anunció el despido de 10,000 trabajadores y una reestructuración. Otros gigantes europeos, como el Credit Suisse, UBS, Barclay y Royal Bank of Scotland, también están enfrentando dificultades. Los bancos de Italia, Portugal y España, en la misma línea, tienen en sus carteras muchísimos préstamos incobrables.

Según un estudio realizado por la Autoridad Bancaria Europea, los bancos europeos tienen malos créditos por un total de un billón de euros, el equivalente al PIB de España. Los créditos non performing (que están en default o cercanos al default), llegan al 6% de todos sus préstamos y adelantos, y al 10% cuando se excluyen los préstamos a otras instituciones financieras. En EE.UU. es el 3%. Aunque las ratios de capital han mejorado, alcanzando en junio de 2015 el 12.8%, muy por encima de las exigencias regulatorias, las malas deudas obligan a aumentar las provisiones por posibles quebrantos. Un caso particularmente grave son los bancos italianos, cuyos préstamos non performing alcanzan los 360,000 millones de euros; representando el 18% de la deuda total del país.

Las ganancias de las corporaciones financieras en Estados Unidos, han presentado crecimientos relativamente bajos en los primeros dos trimestres del 2016 (1.9% y 1.3%), para despuntar un 11.5% en el tercer trimestre. Sin embargo, en una comparación interanual, las ganancias en el primer trimestre de 2016 se contrajeron 6.9% con respecto al primer trimestre de 2015, y el segundo trimestre de 2016 también tuvo una reducción de 4.7% con relación al 2015.

Aquí se presenta también una manifestación de la extensión del capital ficticio. Las empresas no financieras están disminuyendo su rentabilidad, el segundo trimestre de 2016 tuvo una reducción de 50 mil millones de dólares con respecto al primero, y aunque el tercer trimestre recuperó US$ 76 mil millones, las comparaciones interanuales muestran una contracción de ganancias continuada por los últimos 6 trimestres consecutivos. El 2015 cerró con una diferencia negativa de US$ 216 mil millones con respecto a 2014, para el segundo trimestre de 2016 las ganancias se han reducido US$ 94 mil millones con respecto al segundo trimestre de 2015.

Cuando el cambio anual de las ganancias corporativas es negativo, es decir, que las ganancias de las empresas son menores que el año anterior, le siguen años en los que los salarios disminuyen y el desempleo aumenta. Esto se puede ver cuando, en 1990, las ganancias cayeron 5.2%, a su vez, para 1991 los salarios caen 0.6% y el desempleo aumenta 1.2%. En el 2001, luego de una serie de tasas negativas en las ganancias, la caída del 10.1% repercute en una baja de 0.7% de salarios y 1.1% de aumento en el desempleo. Lo mismo sucede luego de la caída de las ganancias en 2008, que es sucedida por aumentos del desempleo del 3.5% y disminución de salarios del 5.1%.

Esto está ya manifestándose en la creciente tendencia de la precarización del empleo. Es decir que, si las tasas de desempleo están disminuyendo, lo hacen a costa de desmejorar la calidad del empleo existente. En Reino Unido, el peso de los empleados temporales con respecto a los permanentes es del 30.5%, un punto por encima del 29.6% del 2008, antes del desarrollo pleno de la recesión en Europa. En la zona Euro la tendencia es más marcada, la recuperación las tasas de empleo son sostenidas por un aumento de más de tres puntos de la incidencia del empleo temporal; Estados Unidos presenta un ratio de empleo temporal con respecto al permanente de alrededor del 15%. Estos datos son ya evidencia de la precarización del empleo, sobre todo luego de la recesión que siguió al estallido de la crisis financiera en 2007, pero es necesario remarcar que la situación podría presentar un panorama más desalentador, dado las manipulaciones estadísticas sobre estos indicadores, ampliamente documentados.

En este escenario de bajo crecimiento real y expansión de capital ficticio, en condiciones de baja inversión por sobreacumulación, se dificulta la capacidad futura para hacer frente al servicio de la deuda. Esto, en la medida que la dinámica de estancamiento en la generación y realización de plusvalía cubierta por los mecanismos de crédito a través de los mercados financieros, tenderá a colapsar. Es decir, que al incrementar el valor de los activos sin haber capital subyacente llega el punto en que los medios de pago no son suficientes para cubrir la expansión del crédito, se produce una contracción violenta de la pirámide de créditos y se evaporan los capitales ficticios. De esta manera, la caída de los precios de los títulos obliga a reponer garantías, que obliga a liquidaciones masivas de títulos, que a su vez renueva la necesidad de reponer garantías.

De modo que, la dinámica actual de la economía da indicios de sostener el proceso de sobreacumulación, mientras se expande el mercado financiero. En tanto no se logre relanzar el proceso de acumulación, a través de una fuerte pérdida en el valor del capital, se mantendrán bajos crecimientos en economías avanzadas, ralentizaciones en mercados emergentes y crisis financieras cada vez más frecuentes y severas.

En este marco, el panorama económico global se va dirigiendo a la constitución de élites cada vez más concentradas, lo cual se puede comprobar en el más reciente informe de OXFAM, donde muestra cómo la riqueza de los 8 hombres más ricos del mundo es equivalente a la del 50% de la población mundial más pobre, es decir 3,600,000,000 (3.6 mil millones) de personas.

Estas desigualdades van creando espacios de inconformidad con el paradigma de la democracia occidental, que se han manifestado en expresiones más o menos organizadas desde diversas perspectivas progresistas, desde manifestaciones espontáneas contra las instituciones de la Unión Europea en España, Grecia, Reino Unido, o las movilizaciones contra las grandes corporaciones financieras de Wall Street en el movimiento Occupy en Estados Unidos, hasta las conocidas empresas tomadas en Sudamérica y últimamente en España, o con la institucionalización de esta inconformidad como el caso del partido PODEMOS en España.

Sin embargo, esta degeneración de las democracias occidentales, de baja intensidad, erosionadas por su fundamento oligárquico, por el miedo, la inseguridad, la guerra y la desigualdad, está creando también productos bastardos de los que las élites más radicales están sacando provecho. Este 20 de enero ha tomado posesión Donald Trump como presidente de EE.UU., en mayo se llevarán a cabo las elecciones presidenciales francesas, en las que la ultraderechista Marine Le Pen encabeza los sondeos.

Estos movimientos han tomado fuerza a partir de discursos cargados de nacionalismos xenófobos y utilizando mensajes aparentemente anti-establishment. Pero quienes se mueven detrás de estos personajes son las mismas élites, que saben que necesitan mantener el control. El gabinete designado por Trump es el más rico en la historia de Estados Unidos, y con el mayor número de generales militares desde la segunda guerra mundial.

Frente a este panorama, la alternativa a este modo concreto de expresión del sistema capitalista es un proceso en constante construcción. Comunidades campesinas organizadas para el trabajo colectivo, pueblos originarios defendiendo la vigencia de sus prácticas y creencias, puntos de cultura expresando sus identidades, la lucha contra los esquemas patriarcales de sociedad, el reconocimiento de la esfera reproductiva de la economía frente a la productiva, las iniciativas de trabajo colectivo, de economía solidaria, etc.

La construcción de lo comunitario se vuelve, entonces, la herramienta política de resistencia al capitalismo transnacional.