LA SALIDA DE CAPITALES DE PARTE DE LA BURGUESÍA OLIGÁRQUICA Y LAS TRANSNACIONALES TIENEN QUEBRADA A LA ECONOMÍA NACIONAL Y AL ESTADO

La economía nacional transita por un entorno económico marcado por una serie de desequilibrios estructurales que ejercen presión sobre las condiciones de vida de la población, fundamentalmente de la clase trabajadora más vulnerable. Estos desequilibrios, en particular, están vinculados a un crónico déficit en el balance de cuenta corriente y la salida exacerbada de capitales. Esto ocasiona una mayor dependencia al ahorro externo y, por tanto, una dinámica de endeudamiento insostenible.

Se han utilizado, principalmente, dos mecanismos de la política económica para apalancar esta tendencia, la dolarización y los tratados de libre comercio. Con la entrada en vigor de la dolarización en 2001 se pretendía, como un objetivo central, que el país se volviera atractivo a nivel de la economía mundial y dentro de la región centroamericana para los inversionistas, eliminando el riesgo cambiario. La firma de los tratados de libre comercio, particularmente el CAFTA-DR que entra en vigor en 2006, le dieron a estas inversiones el marco jurídico para la extracción de capital de nuestro país y marcan las facilidades para el flujo ilícito de capitales financieros hacia paraísos fiscales.

La terciarización de la economía crea incentivos hacia inversiones de bajo desarrollo de fuerzas productivas, sin desarrollar economías de escala basadas en la productividad, sino que se inserta en la competitividad a través de bajos costes laborales. Esto provoca un mercado interno deprimido que estimula inversiones de promoción a la exportación que, vinculado al estancamiento de las fuerzas productivas, alienta los bajos costes laborales como mecanismo de competitividad y la salida de capitales bajo una lógica de inversiones rentistas. Estas condiciones son las que se reflejan en los limitados márgenes de maniobra para estimular el crecimiento.

Fuente: Informe Económico Mensual, mayo 2017, BCR.

Como podemos observar, el objetivo de la dolarización de atraer inversión, se puede decir que se cumplió. En el año 2000 la inversión extranjera directa (IED) totalizó 173.4 millones de dólares, todos los años siguientes esta fue superior a la del año 2000, con la excepción de 2003; sin embargo, esta lectura del comportamiento de la IED es parcial y, por lo tanto, engañosa.

 

 

Inversión Extranjera Directa por sector económico de destino

(En millones de US$)

Fuente: Banco Central de Reserva.

Para completar el análisis sobre la IED es necesario estudiar, por una parte, el tipo de inversión, esto es, si desarrolla las fuerzas productivas, genera divisas netas, empleo o transfiere tecnología. Por otra parte, desde el punto financiero, si realmente existe alguna inversión neta en el país, independientemente que tenga utilidades y envíe una renta normal a su matriz.

La transnacionalización que se profundiza con la dolarización del país tiene la característica de ser IED extractora de capitales. En primer lugar, la repatriación de capitales que hizo la IED hasta el 2005 totaliza 1,685 millones de dólares, contra una entrada de capitales de US$ 1,765.4 millones, es decir, una inversión neta de apenas US$ 80.4 millones en los 5 años, lo que equivale a una inversión promedio neta anual de US$ 16 millones, esto en los primeros cinco años de la dolarización.

El asunto es que esta IED anualmente envía a su país renta de sus inversiones, que para el quinquenio totalizó US$ 2,619 millones, esto da una renta promedio anual de US$ 523 millones. Es decir que, en los cinco años posteriores a la dolarización, la IED extrajo del país US$ 4,303 millones e invirtió apenas US$ 1,765.40 millones, es decir, las transnacionales extrajeron del país 2.44 veces lo que invirtieron en el período.

Sin duda alguna la política de promoción de la IED en nuestro país es perversa desde el punto de vista financiero. Esta situación, combinada con los problemas de las reserva internacionales netas (RIN) del BCR, sin duda deben llamar a los políticos a revisar el esquema de transnacionalización del país; este es uno de los beneficios de la dolarización para el capital transnacional, y un daño grave para la economía nacional.

 

Salida de capital por parte de las empresas transnacionales

(En millones de US$)

Fuente: Banco Central de Reserva.

 

Si esta era la situación con la dolarización, a partir de 2006 las tendencias se consolidan en la medida que los principales bancos del sistema financiero salvadoreño pasan a ser propiedad de grupos bancarios transnacionales y los flujos de capital se cubren bajo el marco legal del tratado de libre comercio con Estados Unidos, el CAFTA-DR. Las cláusulas en las que se exige el trato igual implican que los capitales transnacionales entran a la economía nacional, por lo menos con las mismas condiciones que los capitales nacionales; por otro lado, se exige que el país mantenga una cuenta de capitales abierta, esto es, que no existan regulaciones o controles a los movimientos de capital.

En todo el período desde la entrada de la dolarización y la consolidación de la transnacionalización, estas inversiones se incrementaron en US$ 6,945.2 millones, lo que significó un promedio anual de US$ 434 millones. Esto ha implicado un crecimiento del 18% con respecto al PIB, pasando de 16.3% en el año 2006, a 34.3% al cierre del 2016.

Saldos de Inversión Extranjera Directa

Fuente: Elaboración propia con base en datos del Banco Central de Reserva.

El sector con el mayor flujo de IED ha sido el sector financiero y de seguros, obteniendo el 35% del total de inversión en 2009 y en 2016, otro sector que ha sido de los mayores receptores de inversión es la industria manufacturera, dominada por la maquila, con US$ 1,764 millones en 2009, y al cierre del 2015 fue de US$ 2,415.5 millones, con un crecimiento de US$ 651 millones, o sea, una inversión promedio anual en el período de apenas US$ 93 millones. Por el contrario, podemos observar que el sector agropecuario recibió una escasa inversión de US$ 2.7 millones en 2009, y en el resto del período no recibió ninguna inversión extranjera, un comportamiento igual al de la banca en cuanto al abandono de dicho sector; los sectores reales de la economía (agricultura, minería, industria y construcción) recibieron un flujo de inversión de US$ 705.9 millones en los 7 años analizados, equivalente a una inversión promedio anual de apenas US$ 100.4 millones. Podemos ver claramente el poco peso de la IED en la economía nacional, a pesar de todos los privilegios de paraíso fiscal y laboral que les da el país, agregando a esto la protección de la misma por los TLC en cuanto a recibir un trato nacional igual al de las empresas nacionales y estas protegidas en cuanto resolución de conflictos en los mecanismos internacional, creados por las transnacionales y sus países nodriza, donde nuestro Estado es tratado igual que una empresa, obligándolo a resolver los conflictos en el marco internacional, lo cual viola nuestra constitución.

Saldos de Inversión Extranjera Directa por sector económico receptor

(En millones de US$)

Fuente: Elaboración propia con base en datos del Banco Central de Reserva.

 

El análisis tradicional de la IED como el que hemos expuesto anteriormente, no deja transparentar el papel de esta inversión que ingresado al país, tanto por el abandono o bajísimo aporte a los sectores reales de la economía, como por otros aspectos; para volverla transparente pasaremos a analizar los flujos netos de esta inversión a partir de que la dolarización le quitó otra función clave al Banco Central de Reserva, que ahora lo retomamos para este período donde la salida de capitales, de parte de las transnacionales canalizadoras de IED, ha sido masiva, nos referimos a la eliminación de todos los controles en la cuenta de capitales de la balanza de pagos.

la IED se encuentra bajo la lógica de los circuitos transnacionales de acumulación, en la búsqueda de reducir costos, principalmente a través de costes laborales, beneficios fiscales y pocas regulaciones a la inversión, que le permita extraer de la economía en la que se localiza, los mayores ratios de rentabilidad posible. Los datos muestran que en los últimos 16 años las empresas transnacionales han extraído US$ 11,987.5 millones en concepto de utilidades y US$ 3,709 millones por repatriación de la inversión, haciendo un total de US$ 15,697.3 millones. Los flujos de entrada de capital en el mismo período suman US$ 11,311.8 millones, es decir que los flujos anuales con respecto a la inversión extranjera resultan en saldos negativos para la economía salvadoreña.

Tomando el acumulado de entrada de IED al año 2016, que era de US$ 11,311.8 millones, las empresas transnacionales generan así un proceso sistemático de salida neta de capitales del país de alrededor del 138% de lo invertido, sin tomar en cuenta la fuga ilícita de capitales; o sea que los US$ 11.3 miles de millones los transformaron en US$ 27.0 miles de millones, es decir, una rentabilidad acumulada del 270%. Se llevaron US$ 15.7 miles de millones y se quedan con un inventario de capital de US$ 11.3 miles de millones para seguir repatriando inversión y utilidades; es como la deuda externa, una inversión perversa en un círculo vicioso de descapitalización del país.

Salida de capital por parte de las empresas transnacionales

(En millones de US$)

Fuente: Elaboración propia con base en datos del BCR.

Lo anterior marca claramente una de las razones porqué en el país hay tan baja inversión, El Salvador es un exportador neto de capitales, esto no solo por parte de la IED, sino también por parte de la burguesía oligárquica que vendió la banca y otras empresas del país, como Cementos de El Salvador, La Constancia, Taca, etc. Esto explica la existencia de tantas empresas fantasma en Panamá y otros paraísos de lavado de dinero de todos los países capitalistas del mundo. Según OXFAM, la salida de capitales desde El Salvador hacia paraísos fiscales se ha multiplicado por 18 entre 2001 y 2014, y para este último año alcanza los US$ 1,700 millones, el 7% del PIB. Es decir que, al sumar los flujos de las transnacionales y estos flujos financieros a paraísos fiscales, la fuga de recursos del país llega a los US$ 2,927 millones, solo para el año 2014, equivalente a más del 11% del PIB, o sea, una total descapitalización de la economía salvadoreña.

Los principales destinos de estos flujos de efectivo salvadoreño fueron Bermudas (US$ 347 millones), Luxemburgo (US$ 604 millones), Irlanda (US$ 335 millones), Holanda (US$ 320 millones) y la isla de Jersey (US$ 112 millones). No obstante, los mayores crecimientos se reportan en países como Holanda, con un aumento de 353 veces, y Suiza con 619 veces más.

Y es que este esquema de liberalizaciones y desregulaciones de mercados, al buscar reducir las capacidades del Estado, promueve los mecanismos de paraísos fiscales, evasión y elusión fiscal y cualquier otro para obtener altas tasas de rentabilidad. Esto, en la medida que son las empresas las que mayor capacidad poseen para hacer uso de estos mecanismos. Los impuestos destinados al consumo, como el IVA o impuestos específicos son trasladados al consumidor, que no posee capacidad de evadir ese pago. Del mismo modo, la retención de la renta de las personas asalariadas tiene muy poco margen para evadirlo. Sin embargo, existen múltiples mecanismos de ingeniería contable para que las empresas evadan y eludan el pago tributario correspondiente, tanto de los impuestos indirectos retenidos, como de los correspondientes a sus utilidades. Esto explica también que un pequeño grupo de salvadoreños posean más de 21,000 millones de dólares.

En fin, toda esta fuga masiva de recursos pudo haber sido controlada si el Banco Central de Reserva tuviera las funciones de una banca central, como el control sobre la cuenta de capitales de la balanza de pago y otros mecanismos de control sobre las operaciones financieras de salvadoreños en el exterior; además, el control de la cuenta de capitales hubiera significado que estas personas no solo no lavaran tanto dinero, sino también que pagaran impuestos en el país. Es sabido, por denuncias del Ministerio de Hacienda, que la IED radicada en el país no paga impuestos, también es sabido que las ventas de las empresas de nacionales a extranjeros han evadido el pago de impuestos.

Es claro, y lo volvemos a repetir, nuestro país no podrá salir de la crisis económica y social que tiene si no se rompe con el modelo neoliberal y se procede a desarticular los problemas estructurales financieros, de desempleo, de pobreza, de quiebra del Estado, etc.; debemos desdolarizar el país, revisar los TLC, atacar frontalmente la corrupción fiscal y detener el mecanismo de fuga de capitales de parte de la burguesía oligárquica y las transnacionales, además, hay que renegociar la deuda externa. El país debe, por último, declararse en incapacidad de pago y construir relaciones financieras y comerciales de manera prioritaria con la República Popular de China, pero también con Rusia, Irán y Venezuela.

En un próximo artículo analizaremos más a fondo la repatriación de capitales de la burguesía oligárquica, que ha crecido aceleradamente en el marco de la dolarización y los TLC, lo que ha provocado que esos US$ 21,000 millones que tiene ese pequeño grupo de burgueses oligarcas, estén principalmente en el extranjero.