II Carta Económica

El Salvador: la crisis ya está sobre el país “¿Qué hacer? transición hacia una economía social participativa con desarrollo”

Resumen

  El modelo neoliberal dolarizado de El Salvaor está agotado

1º. El desarrollo de las fuerzas productivas de la economía salvadoreña, en la segunda mitad del siglo XIX, con el establecimiento de la industria del café, se produce en el marco de las leyes del capitalismo, dadas las relaciones sociales de producción y la concentración y centralización de la riqueza, que determinan el funcionamiento de la economía. A inicios del siglo XX existía una creciente clase social de terratenientes cuyas fuentes fundamentales de riqueza eran la industria y el cultivo del café. El desarrollo de esta industria permitió el surgimiento de una oligarquía nacional que tomó forma a través de una acumulación originaria basada en la confiscación de tierras a los indígenas y al Estado, como es el caso de las familias Regalado, Dueñas, Girola, y otros. Además, el café atrajo a muchos extranjeros de todas partes, pueden mencionarse las familias Álvarez, Cristiani, Dalton, Hill, Simán, Wright, Essersky, d’Aubuisson, Poma, Choussy, Bahaia, Schwartz, Schonemberg, entre otras. Fueron ellos quienes llegaron a implementar una profunda explotación a la clase trabajadora que, en aquella época, la constituían los nativos y campesinos mestizos. Los terratenientes salvadoreños hicieron alianzas matrimoniales con los extranjeros y generaron con ello, una clase élite cuyo resultado final fue el surgimiento de la oligarquía salvadoreña. Con el transcurrir de los años, esta misma oligarquía ha venido concentrando y centralizando el capital y los ingresos creados por el trabajo de las salvadoreñas y los salvadoreños; generando, dentro de la misma lógica del capital, la exclusión de la gran mayoría de la población, la cual se encuentra en la miseria y pobreza.

2º. La palabra “oligarquía” es un vocablo que deriva del griego oligos = pocos, y arkhé = gobierno; es decir, el “gobierno de unos pocos”. El Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, nos proporciona definiciones más precisas: oligarquía se refiere a la “forma de gobierno en la cual el poder supremo es ejercido por un reducido grupo de personas que pertenecen a una misma clase social”; o el “conjunto de algunos poderosos negociantes que se aúnan para que todos los negocios dependan de su arbitrio”. El desarrollo contemporáneo de las fuerzas productivas en el país, en el área de la industria, los servicios, el sistema financiero y su creciente transnacionalización en el espacio centroamericano e internacional, en alianza con las grandes transnacionales y en combinación con un control total del Estado por parte del gran capital nacional, conduce a un replanteamiento del concepto de oligarquía. Así, en este análisis, se utiliza el concepto de “burguesía oligárquica”, en el sentido que los dueños de los medios de producción (un reducido número de ellos) logran la mayor concentración y centralización del capital, industrial, comercial y financiero, a partir del manejo del aparato del Estado y su propio aparato político, conformándose en una burguesía dominante que gobierna en un esquema de poder oligárquico.

3º. Hasta finales de la década de los ochentas, del recién pasado siglo XX, las principales fuentes de riqueza de la oligarquía salvadoreña habían sido la agricultura y la industria, específicamente en los productos de la matriz agroexportadora, tales como el café, el algodón, la caña de azúcar y la pesca de camarones. Además del desarrollo, desde la década de los treinta del siglo pasado, del sistema bancario, el cual les fue comprado por el Estado a principios de la década de los ochenta, junto con la compra de más de 340 mil manzanas de tierra, en un esquema de reforma agraria contrainsurgente. Con la implementación del modelo económico neoliberal, a partir de la década de los noventas, la burguesía oligárquica se apodera del sistema financiero nacional mediante la privatización fraudulenta del sistema bancario (de hecho se realiza una expropiación sin pago al Estado), el cual pasa a convertirse en su principal fuente e instrumento para lograr los niveles de acumulación y centralización del capital que ahora sustenta. A partir de esta expropiación, este nuevo grupo dominante, priorizará el control y el desarrollo del sector financiero y comercial, restándole prioridad al capital productivo. Dicha preeminencia ha generado la destrucción del aparato productivo del país –principalmente de la agricultura y la industria, montada en el marco de la sustitución de importaciones de las décadas de los sesentas y setentas del siglo pasado–. Lo anterior provocó la pérdida masiva de empleos permanentes; la conversión de la economía salvadoreña en una economía de consumo dependiente de las importaciones y a la vez del ahorro externo; lo cual se reflejó en el creciente déficit comercial (cuadro S1).

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Fuente: Ministerio de Hacienda

4º. Parte integral y fundamental del modelo neoliberal salvadoreño es la expulsión sistemática y estructural de fuerza de trabajo, principalmente hacia Estados Unidos. Se estima que existen más de 2.9 millones de salvadoreños en el extranjero. Esta diáspora es continua: se calcula que diariamente salen del país cientos de personas [1], aunque se desconoce cuántos son los que alcanzan su destino final debido a la presencia criminal en el camino de carteles y otros representantes del crimen organizado. Lo anterior se da con un fracaso simultáneo de la política de desarrollo de una nueva estructura productiva para la exportación, sustentada en la maquila y los llamados productos no tradicionales de exportación; política fracasada que fue el centro de la reforma estructural impulsada por el FMI y el Banco Mundial en la década de los 90 s. De cualquier modo, sin los flujos anuales de las remesas la economía salvadoreña colapsaría por falta de financiamiento del déficit comercial.

Gráfico S2 El Salvador: Balanza Comercial y Remesas 2000-2014

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Fuente: Ministerio de Hacienda

5º. Hay que señalar que la burguesía oligárquica salvadoreña, además de adueñarse del sistema financiero nacional (banca comercial, sistema previsional – AFPs–, aseguradoras, y otras instituciones financieras), adquirió dominio y control de las principales y escasas actividades productivas y de servicios rentables que han sobrevivido, después de la apertura económica. Así también, son los dueños de las principales empresas importadoras; es decir que, no únicamente desarrollaron un control del capital financiero sino también del capital productivo y comercial.

6º. A través del capital financiero, la oligarquía logro el dominio creciente de los otros sectores del capital, utilizando los ahorros de la población como fuente financiera para ampliar su capital, invirtiendo en el sector y las actividades que le aseguran ampliar una mayor acumulación y centralización del capital nacional, extendiéndose hasta el capital centroamericano. Así también ha utilizado el crédito como un arma para hacer una competencia desleal contra otros empresarios que no son de su círculo, lo que les ha permitido crear estructuras oligopólicas y monopólicas de los sectores económicos claves. De la misma manera, utiliza el crédito para castigar a los que se salen de la línea política de la derecha, lo que quiere decir que el sistema financiero ha sido y es un instrumento clave no sólo para la creación de su poder económico, sino también para el control político del Estado y de la población en general.

7º. Durante el periodo de la guerra y los acuerdos de paz, se da un cambio en la forma del poder oligárquico, con la transformación de dos soportes básicos: primero se da la modificación de su aparato político, para lo cual desplazan a los militares y al PCN como administradores del Estado, y crean su propio partido, ARENA. Este grupo político pasa a administrar y controlar el Estado de manera creciente, en la Asamblea Legislativa, luego en el Ejecutivo y el Poder Judicial. El segundo soporte es el cambio del modelo de acumulación y centralización del capital, para lo cual implementan el modelo neoliberal (Anexo II El Consenso de Washington), el cual les permite transformar sus mecanismos de control de la economía, donde se dan desplazamientos de capitales oligárquicos tradicionales y se facilita una recomposición de la misma, con el nacimiento de nuevos sectores ya en una connotación de clase transparentemente burguesa en cuanto a la forma de administrar y orientar el desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones económicas con la economía mundial.

8º. Los mecanismos de recomposición de la lógica de la acumulación y la centralización generan un nuevo poder dominante se caracteriza por su funcionamiento como burguesía oligárquica (Anexo III Grupos de la Burguesía Oligárquica en El Salvador). Esta se concentra ahora en únicamente ocho grupos empresariales, quienes en su primera etapa de desarrollo de la nueva lógica de acumulación, utilizan como mecanismo de control y expansión, los conglomerados financieros. Dichos grupos empresariales permiten llegar a tener un predominio del capital industrial, financiero y comercial, a partir de la propiedad de alrededor de 743 empresas.

9º. La segunda etapa del desarrollo de esta burguesía oligárquica, en su lógica de acumulación, consistió en su expansión en forma de flujo de capitales hacia las economías del Istmo Centroamericano, fundamentalmente a partir de sectores del comercio, construcción y financiero. Esta forma de inversión también se da en flujos de capitales de los otros países de Centroamérica que vienen a invertir, en alianza o no, con la burguesía oligárquica nacional. Se trata de una etapa de transnacionalización que lleva además un proceso de alianzas con el capital transnacional extra regional, o sea, con los grandes capitales de los países desarrollados, principalmente de Estados Unidos y Europa; son empresas que entran al país con inversiones que se caracterizan por ser, en su mayoría, transferencia de activos del Estado y de la burguesía oligárquica, hacia los grandes capitales. Este proceso no representa inversiones frescas para el país. Normalmente estas transnacionales hacen una pequeña inversión para asegurarse el control de las empresas, para ello exigen leyes amplias de protección y exención de impuestos y acceso al ahorro nacional o internacional. Este mecanismo ha servido para ir liquidando el valor de la adquisición, con las utilidades garantizadas gracias al tipo de empresas que se les ha transferido, que generalmente poseen mercados oligopólicos, seguros y rentables.

10º. Este proceso se da en el marco de las privatizaciones que impone el neoliberalismo al Estado y, además, en el desarrollo de inversiones en los sectores servicios, maquila y construcción, entre otros. En balance, podemos afirmar que esta transnacionalización ha significado una descapitalización del país, si contabilizamos el volumen en cientos de millones de las utilidades que estos capitales alojados en el país han transferido a sus empresas matrices. Esas dos etapas se presentaron en dinámicas simultáneas que se vieron profundizadas en el último período que corresponde a la dolarización, ya que el capital transnacional pasó a adquirir ejes estratégicos de la economía en manos del sector privado, hasta llegar a tomar el control total del sistema financiero nacional, del mercado de los hidrocarburos y casi el control total del sistema energético, la telefonía, el cemento y los mercados mayorista y minorista. En todo este proceso y de recomposición del capital el modelo se agotó, lo que se refleja en primer lugar en un estancamiento del crecimiento de la economía (cuadro 3), el cual como sabemos esta sobre estimando ( el PIB en valores absolutos y en tasa de crecimiento), esto desde el año 2005 año en que el BCR ajusto el crecimiento y esto se ha venido sosteniendo, al utilizar este PIB sobre estimado, para proyectar los posibles flujos de impuestos y no el comportamiento real; en segundo lugar en un  desempleo y subempleo alto (en el 2012 el  de 5% de la población en edad de trabajar-PET- está desempleada o subempleada), y; en tercer lugar una baja tasa de inversión domestica bruta que en su punto máximo alcanzo 20% del PIB en 1995, y no supera el 14% del PIB en 2011-2014 (cuadro S4).

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Fuente: Ministerio de Hacienda

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Fuente: Ministerio de Hacienda

11º. Es importante subrayar que la población en edad de trabajar (PET) en el año 2012 ascendió a 4, 308,637 personas. De estas, solamente 1,906,690 (639,337 asalariados formales  ISSS) tenían un empleo permanente (44% de la PET); lo anterior significa que 1, 749,322 estaban totalmente desocupados (40% de la PET) y 15% de la PET estaban subempleadas (esto aplicando la tasa de subempleo urbano de la población económicamente activa urbana según fuentes oficiales).

12º. Además de los problemas estrictamente macroeconómicos y macro financieros, El Salvador tiene deudas gigantescas (i) en el campo social (b ajo la modalidad de grandes déficits en las áreas de educación, salud, vivienda popular, agua potable, tuberías y alcantarillado, genero, recuperaciones niños de la calle, recuperación de adictos y otros); (ii) en el campo de seguridad  pública, combate al crimen organizado, narcoactividad, y pandillas, y; (iii) en el campo del medio ambiente, en el combate a la contaminación, en ajuste al cambio climático, y en la recuperación de forestas, cuencas y ríos. Todo lo anterior indica y refleja la realidad de que el modelo neoliberal dolarizado salvadoreño se agotó y es totalmente incapaz de impulsar un  desarrollo vigoroso de las fuerzas productivas; de las fuerzas sociales, y; de recuperar el medio ambiente. Asimismo, con ese crecimiento estancado los  Ingresos Tributarios del Estado serán muy magros, e imposibilitan el pago de las grandes deudas sociales, ecológicas, y de seguridad.

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