Crisis de la democracia burguesa y la necesidad de liderazgo revolucionario

Zygmunt Bauman / Samuel Sánchez

Zygmunt Bauman / Samuel Sánchez

El sociólogo Zygmunt Bauman, de 90 años de origen polaco, judío, exmiembro del Partido Comunista y reconocido analista, en el artículo que presentamos en este número de la Carta Económica, expone varios puntos que en nuestros análisis hemos venido insistiendo, además de otros aportes importantes que requieren una discusión, como son los temas del individuo solo contra la sociedad, lo cual implica que se “pierde la lucha de clases”, según lo interpretamos, por la pérdida de incidencia de los partidos políticos en el esquema de la democracia burguesa, la ausencia de liderazgo y el refugio en las redes sociales, sin duda este es un tema de fondo, que nos lleva a reflexiones que ya hemos realizado, teniendo claro que en el marco del sistema capitalista no puede desaparecer la lucha de clases, lo que interpretamos, según Bauman  es el debilitamiento de esa lucha de clases a través del individualismo proclamado por Adam Smith, sólo que un proceso de pauperización y exclusión social, no de felicidad.

Así, el artículo analiza cómo las reacciones espontáneas sociales,  sin una vanguardia se pierden porque no construyen poder, sin duda además del caso del partido Podemos en España, del pueblo Egipcio y del pueblo Griego, se pueden mencionar casos en América Latina, donde los procesos políticos de Sur América, en una visión anti neoliberal, chocan contra el poder de la democracia burguesa y los desgasta por la falta de vanguardias, es para nosotros el caso de Argentina, Brasil, Ecuador, no así en Bolivia que sin duda cuenta con el liderazgo de Evo Morales y su movimiento indígena, pero necesita construir una vanguardia que vaya más allá  y supere el esquema de la democracia burguesa de las elecciones y busque tomarse el poder y dejar atrás la etapa de haber ascendido al poder con el esquema democrático burgués.

Esto es fundamental ante el peligro de agotarse el proceso, por no construir un Estado no burgués, o sea, un Estado popular, lo que implica no sólo tener el Poder Ejecutivo, Legislativo y Judicial, sino transformar el Estado burgués en un Estado que represente los intereses del proletariado, es decir, un Estado del Poder Popular y transforme los procesos de acumulación capitalista en procesos de acumulación manejados por un Estado Social Popular y por la propiedad social, donde la empresa privada no sea la determinante en la captura y uso del excedente económico por los intereses individuales capitalistas. Como menciona Bauman romper el estadio actual del individuo solo ante la sociedad por la pérdida de liderazgo y del sentido de los partidos y los políticos, al ser éstos absorbidos por la democracia burguesa y el poder del capital, esto ya no sólo en una dimensión de aldea, sino de una visión de los poderes fácticos mundiales del gran capital que domina el mundo capitalista y que actualmente es representado por el Imperialismo Norteamericano.

El caso de Venezuela es diferente, se asciende al poder por medio de la democracia burguesa, se busca transformar el Estado desde sus cimientos cambiando la Constitución y   organizando al  pueblo, así como construyendo la vanguardia en el Partido Socialista Unidos de Venezuela, todo esto se hace posible por el liderazgo del Comandante Chávez y le lleva grandes beneficios al pueblo, le quita a la burguesía mecanismos de acumulación estratégicos con la nacionalización del petróleo, energía y otras  áreas de la economía, pero todavía deja en manos de la burguesía las lógicas de la acumulación capitalista, las cuales son dominantes, a partir que controlan el Sistema Financiero, los medios de comunicación, sectores claves en la producción y distribución de bienes y servicios, etc., y en el fondo queda viva la Democracia Burguesa por ser el sistema de partidos y las elecciones que al final siguen definiendo quién controla el Estado y el carácter de éste.

Con la lamentable muerte, para el pueblo venezolano y los revolucionarios del mundo, del Comandante Chávez, el liderazgo se pierde, aunque se hacen esfuerzos porque no se diluya, este momento es aprovechado por el Imperialismo Norteamericano y la burguesía venezolana, en el marco del poder fáctico mundial, y se le impone una guerra económica, política, ideológica que hace que la población de Venezuela, a pesar que millones de ellos fueron beneficiados por la Revolución Bolivariana, no logran sostener el control político del Poder Legislativo y ponen en una crisis  de fondo el proceso revolucionario. Cuando muere el Presidente Chávez no se había logrado pasar de un control del poder a partir de haber ascendido al poder burgués y todavía no se había construido el Estado de clase proletaria, el Estado Popular, y aquí cabe la reflexión de Bauman, es necesario transformar esas bases populares revolucionarias y un poder que destruyen el Estado burgués para retomar la construcción del Socialismo en Venezuela.

El caso de Grecia es otro tema claro y presente todavía, las masas con una lucha de calle, que se canaliza a partir del esquema democrático burgués y sin una vanguardia, entrega el poder a quien decía que desmontaría el neoliberalismo, sin mencionar socialismo, pero los poderes fácticos de Sistema Financiero Mundial y la Unión Europea, hacen que la lucha popular se esfume y siga el neoliberalismo y la austeridad en España, que retorne a Argentina, así como en otros procesos políticos revolucionarios que han ascendido al  poder, como es el caso de El Salvador y Nicaragua, que necesitan trascender esta etapa para construir  un Estado Popular y transformar las lógicas de acumulación capitalista, como hemos mencionado.

Sin duda, podríamos escribir muchas páginas más comentando este polémico  y oportuno artículo de Bauman, pero sólo  haremos una reflexión más en relación a la crítica de este sociólogo rebelde ante las injusticias y la perversidad del capitalismo, que hace que los sectores medios de la población mundial entren en un proceso de pauperización, como ya lo hemos analizado para el caso de El Salvador, Europa y los Estados Unidos de Norteamérica, y esta reflexión se refiere a su crítica a las redes sociales, las cuales se manejan por algunos analistas y políticos, como un mecanismo que puede sustituir las organizaciones sociales, a partir de que facilita al individuo, desde su computador denunciar y promover estallidos espontáneos como el caso de Egipto contra la dictadura militar de Mubarak, Estados Unidos con la crisis financiera del 2008 contra los Bancos, etc., que parecía que podían cambiar el poder dominante, lo cual no sucede, como dice Bauman estas explosiones son muy potentes, pero pasajeras, como diríamos en El Salvador, llamaradas de tusa, que no resuelven el origen de su nacimiento que es el poder burgués  y, por lo tanto, se vuelven frustraciones serias que llevan de nuevo a profundizar el aislamiento, el individualismo, que es tan fundamental en la ideología capitalista para mantener el poder del capital sobre el trabajo y poder pauperizarlo.

Al final, la redes sociales te permiten en este aislamiento, decidir con quien te relacionas o con quien no desde tu encierro con tu computadora, es un medio para perder el carácter de clase de los pueblos, dado que el individuo no se vincula con los problemas de su vida y la sociedad a partir del contacto directo con el compañero de trabajo, con el individuo en la calle que sufre la pauperización, no hay lucha de calle, por lo tanto, aunque tengas conciencia de ser pobre, no logras desarrollar tu conciencia de clase que sólo se logra con la lucha en la calle, no en contacto con redes que al final son fantasmas que no conoces , y por lo general, en su falta de formación política y la defensa de los intereses de los que los tienen paupérrimos e ignorantes, critican visceralmente todo lo que les puede hacer conciencia de la realidad.

En fin, les invitamos a que lean el siguiente artículo de Bauman y saquen sus propias conclusiones y así ser parte de la gente consciente, de qué sucede actualmente en el  capitalismo mundial y las relaciones sociales, la situación del pueblo  global, ya no sólo el pueblo de nuestras aldea El Salvador.

Zygmunt Bauman: “Las redes sociales son una trampa”

(Tomado de EL PAIS, España, 9 de Enero 2016. Escrito por Ricardo de Querol).

 Es la voz del ‘precariado’. El sociólogo denuncia la desigualdad y la caída de la clase media. Y avisa a los indignados de que su experimento puede tener corta vida.

Acaba de cumplir 90 años y de enlazar dos vuelos para llegar desde Inglaterra al debate en que participa en Burgos. Está cansado, lo admite nada más empezar la entrevista, pero se expresa con tanta calma como claridad. Se extiende en cada explicación porque detesta dar respuestas simples a cuestiones complejas. Desde que planteó, en 1999, su idea de la “modernidad líquida” —una etapa en la cual todo lo que era sólido se ha licuado, en la cual “nuestros acuerdos son temporales, pasajeros, válidos solo hasta nuevo aviso”—, Zygmunt Bauman es una figura de referencia de la sociología. Su denuncia de la desigualdad creciente, su análisis del descrédito de la política o su visión nada idealista de lo que ha traído la revolución digital lo han convertido también en un faro para el movimiento global de los indignados, a pesar de que no duda en señalarles las debilidades.

Este polaco (Poznan, 1925) era niño cuando su familia, judía, escapó del nazismo a la URSS, y en 1968 tuvo que abandonar su propio país, desposeído de su puesto de profesor y expulsado del Partido Comunista en una purga marcada por el antisemitismo tras la guerra árabe-israelí. Renunció a su nacionalidad, emigró a Tel Aviv y se instaló después en la Universidad de Leeds, que ha acogido la mayor parte de su carrera. Su obra, que arranca en los años sesenta, ha sido reconocida con premios como el Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades de 2010, junto a su colega Alain Touraine.

Se le considera un pesimista. Su diagnóstico de la realidad en sus últimos libros es sumamente crítico. En ¿La riqueza de unos pocos nos beneficia a todos? (2014) explica el alto precio que se paga hoy por el neoliberalismo triunfal de los ochenta y la “treintena opulenta” que siguió. Su conclusión: que la promesa de que la riqueza de los de arriba se filtraría a los de abajo ha resultado una gran mentira. En Ceguera moral (2015), escrito junto a Leonidas Donskis, alerta de la pérdida del sentido de comunidad en un mundo individualista. En su nuevo ensayo vuelve a las cuatro manos, en diálogo con el sociólogo italiano Carlo Bordoni. Se llama Estado de crisis y trata de arrojar luz sobre un momento histórico de gran incertidumbre. Paidós lo publica en España el día 12.

Bauman vuelve a su hotel junto al filósofo español Javier Gomá, con quien ha debatido en el marco del Foro de la Cultura, un ciclo que celebrará su segunda edición en noviembre y trata de convocar en Burgos a los grandes pensadores mundiales. Él es uno de ellos.

P. Usted ve la desigualdad como una “metástasis”. ¿Está en peligro la democracia?

Ha sido una catástrofe arrastrar la clase media al precariado. El conflicto ya no es entre clases, sino de cada uno con la sociedad”

R. Lo que está pasando ahora, lo que podemos llamar la crisis de la democracia, es el colapso de la confianza. La creencia de que los líderes no solo son corruptos o estúpidos, sino que son incapaces. Para actuar se necesita poder: ser capaz de hacer cosas; y se necesita política: la habilidad de decidir qué cosas tienen que hacerse. La cuestión es que ese matrimonio entre poder y política en manos del Estado-nación se ha terminado. El poder se ha globalizado pero las políticas son tan locales como antes. La política tiene las manos cortadas. La gente ya no cree en el sistema democrático porque no cumple sus promesas. Es lo que está poniendo de manifiesto, por ejemplo, la crisis de la migración. El fenómeno es global, pero actuamos en términos parroquianos. Las instituciones democráticas no fueron diseñadas para manejar situaciones de interdependencia. La crisis contemporánea de la democracia es una crisis de las instituciones democráticas.

P. El péndulo que describe entre libertad y seguridad ¿hacia qué lado está oscilando?

R. Son dos valores tremendamente difíciles de conciliar. Si tienes más seguridad tienes que renunciar a cierta libertad, si quieres más libertad tienes que renunciar a seguridad. Ese dilema va a continuar para siempre. Hace 40 años creímos que había triunfado la libertad y estábamos en una orgía consumista. Todo parecía posible mediante el crédito: que quieres una casa, un coche… ya lo pagarás después. Ha sido un despertar muy amargo el de 2008, cuando se acabó el crédito fácil. La catástrofe que vino, el colapso social, fue para la clase media, que fue arrastrada rápidamente a lo que llamamos precariado. La categoría de los que viven en una precariedad continuada: no saber si su empresa se va a fusionar o la va a comprar otra y se van a ir al paro, no saber si lo que ha costado tanto esfuerzo les pertenece… El conflicto, el antagonismo, ya no es entre clases, sino el de cada persona con la sociedad. No es solo una falta de seguridad, también es una falta de libertad.

P. Afirma que la idea del progreso es un mito. Porque en el pasado la gente confiaba en que el futuro sería mejor y ya no.

R. Estamos en un estado de interregno, entre una etapa en que teníamos certezas y otra en que la vieja forma de actuar ya no funciona. No sabemos qué va a reemplazar esto. Las certezas han sido abolidas. No soy capaz de hacer de profeta. Estamos experimentando con nuevas formas de hacer cosas. España ha sido un ejemplo en aquella famosa iniciativa de mayo (el 15-M), en que esa gente tomó las plazas, discutiendo, tratando de sustituir los procedimientos parlamentarios por algún tipo de democracia directa. Eso probó tener una corta vida. Las políticas de austeridad van a continuar, no las podían parar, pero pueden ser relativamente efectivos en introducir nuevas formas de hacer las cosas.

P. Usted sostiene que el movimiento de los indignados “sabe cómo despejar el terreno pero no cómo construir algo sólido”.

R. La gente suspendió sus diferencias por un tiempo en la plaza por un propósito común. Si el propósito es negativo, enfadarse con alguien, hay más altas posibilidades de éxito. En cierto sentido pudo ser una explosión de solidaridad, pero las explosiones son muy potentes y muy breves.

P. Y lamenta que, por su naturaleza “arco iris”, no cabe un liderazgo sólido.

R. Los líderes son tipos duros, que tienen ideas e ideologías, y la visibilidad y la ilusión de unidad desaparecería. Precisamente porque no tienen líderes el movimiento puede sobrevivir. Pero precisamente porque no tienen líderes no pueden convertir su unidad en una acción práctica.

El 15-M, en cierto sentido, pudo ser una explosión de solidaridad, pero las explosiones son potentes y breves”.

 P. En España las consecuencias del 15-M sí han llegado a la política. Han emergido con fuerza nuevos partidos.

R. El cambio de un partido por otro partido no va a resolver el problema. El problema hoy no es que los partidos sean los equivocados, sino que no controlan los instrumentos. Los problemas de los españoles no están confinados al territorio español, sino al globo. La presunción de que se puede resolver la situación desde dentro es errónea.

P. Usted analiza la crisis del Estado-nación. ¿Qué opina de las aspiraciones independentistas de Cataluña?

R. Pienso que seguimos en los principios de Versalles, cuando se estableció el derecho de cada nación a la autodeterminación. Pero eso hoy es una ficción porque no existen territorios homogéneos. Hoy toda sociedad es una colección de diásporas. La gente se une a una sociedad a la que es leal, y paga impuestos, pero al mismo tiempo no quieren rendir su identidad. La conexión entre lo local y la identidad se ha roto. La situación en Cataluña, como en Escocia o Lombardía, es una contradicción entre la identidad tribal y la ciudadanía de un país. Ellos son europeos, pero no quieren ir a Bruselas vía Madrid, sino desde Barcelona. La misma lógica está emergiendo en casi  todos los países. Seguimos en los principios establecidos al final de la Primera Guerra Mundial, pero ha habido muchos cambios en el mundo.

P. Las redes sociales han cambiado la forma en que la gente protesta, o la exigencia de transparencia. Usted es escéptico sobre ese “activismo de sofá” y subraya que Internet también nos adormece con entretenimiento barato. En vez de un instrumento revolucionario como las ven algunos, ¿las redes son el nuevo opio del pueblo?

R. La cuestión de la identidad ha sido transformada de algo que viene dado a una tarea: tú tienes que crear tu propia comunidad. Pero no se crea una comunidad, la tienes o no; lo que las redes sociales pueden crear es un sustituto. La diferencia entre la comunidad y la red es que tú perteneces a la comunidad pero la red te pertenece a ti. Puedes añadir amigos y puedes borrarlos, controlas a la gente con la que te relacionadas. La gente se siente un poco mejor porque la soledad es la gran amenaza en estos tiempos de individualización. Pero en las redes es tan fácil añadir amigos o borrarlos que no necesitas habilidades sociales. Estas las desarrollas cuando estás en la calle, o vas a tu centro de trabajo, y te encuentras con gente con la que tienes que tener una interacción razonable. Ahí tienes que enfrentarte a la

s dificultades, involucrarte en un diálogo. El papa Francisco, que es un gran hombre, al ser elegido dio su primera entrevista a Eugenio Scalfari, un periodista italiano que es un autoproclamado ateísta. Fue una señal: el diálogo real no es hablar con gente que piensa lo mismo que tú. Las redes sociales no enseñan a dialogar porque es tan fácil evitar la controversia… Mucha gente usa las redes sociales no para unir, no para ampliar sus horizontes, sino al contrario, para encerrarse en lo que llamo zonas de confort, donde el único sonido que oyen es el eco de su voz, donde lo único que ven son los reflejos de su propia cara. Las redes son muy útiles, dan servicios muy placenteros, pero son una trampa.