COYUNTURA Y PERSPECTIVAS DE LA ECONOMÍA SALVADOREÑA III

En las partes I y II ya publicadas, hemos analizado el tema de la inversión en la economía salvadoreña, cómo el problema de esta inversión que vive el país está determinado de manera fundamental por el modelo neoliberal montado en el país, que tiene como lógica central exportar capitales, y no el desarrollo de las fuerzas productivas del país, también hemos analizado el problema de la demanda de los hogares y el Estado que, siendo agentes económicos, este mismo modelo les evita ser agentes de jaloneó del crecimiento económico del país, mostrando una dinámica recesiva o de lento crecimiento; en esta cuarta parte del artículo terminaremos de analizar el tema de la demanda interna y el comercio exterior, para tener una claridad completa de porqué la economía salvadoreña está en un callejón sin salida mientras siga funcionando el modelo económico neoliberal imperante desde 1998 a la fecha.

Cualquier país que no tenga capacidad de dinamizar su demanda, sea como resultado de un proceso de inversión creciente que dedique por lo menos el 25% de los excedentes al desarrollo de las fuerzas productivas, sea como resultado de un dinamismo creciente de la demanda de los hogares y del Estado sobre los bienes y servicios producidos nacionalmente, o sea como resultado de una fuerte capacidad de exportar competitivamente en los mercados internacionales, ese país no podrá tener tasas de crecimiento que lo lleven a una dinámica de desarrollo para sacar de la miseria y pobreza en que viva mayoría de su población, como sucede en El Salvador. En esta parte de nuestro análisis esclareceremos cómo el modelo económico actual se volvió perverso en cuanto a que no logró, lo que era uno de sus objetivos fundamentales, crear una economía competitiva que basara su desarrollo en una oferta exportable creciente y dinámica, que estuviera sustentada en un agresivo desarrollo de las fuerzas productivas de los sectores industriales y de servicios.

Demanda Interna y Comercio Exterior

Todo el esquema del modelo neoliberal estaba fundamentado en cuanto al motor de dinamización de la economía, en la exportación y el desarrollo del sector terciario o servicios, además de fundamentar el desarrollo de las fuerzas productivas en la inversión extranjera. En esa lógica se llegó hasta la dolarización del país, con el argumento de evitar devaluaciones como producto de decisiones políticas y mantener una bajísima inflación. Bajo este gran supuesto, deberíamos estar exportando cinco o más veces de lo que lo hacemos al inmenso mercado de los Estados Unidos de América, deberíamos tener un desarrollo pujante de la maquila, no solo textil, sino que tecnológica y de servicios, deberíamos haber desarrollado el turismo ante la estabilidad de la moneda, es más, soñaron que con el golpe mágico de la dolarización nos convertiríamos en un centro financiero mundial que competiría con Panamá, las Islas Caimán y seríamos un paraíso financiero.

Nada de eso sucedió, las relaciones comerciales del país en bienes y servicios son precarias, con un gran déficit comercial donde las importaciones han llegado a representar más el 40% del PIB anualmente, desactivando la demanda de bienes y servicios de la producción nacional, por estar nuestra estructura productiva en una desventaja total para competir con las importaciones controladas por grandes transnacionales o con la presencia de estas dentro del territorio nacional; compañías que gozan de inmensas economías de escala, con superioridad tecnológica y que funcionan como carteles con sus matrices manipulando los precios, amparadas en los TLC, principalmente el que se tiene con EE.UU., México, Chile y, ahora de manera creciente, con la Unión Europea. Paralelamente nuestras exportaciones sufren el mismo destino compitiendo en mercados donde no lo pueden hacer, con una creciente desventaja por la dolarización dado que esta nos hace perder competitividad (como ya lo hemos demostrado), lo anterior implica que la dolarización daña aun más el esquema de maquila y ensamble que le dieron la estructura productiva que exporta, como lo veremos en el análisis que continua.

Fuente: BCR.

En el período 2000-2016, como se puede ver en el gráfico anterior, la tendencia de un creciente desbalance comercial es claro, reflejo, como ya mencionamos, de no tener una economía competitiva, haber dolarizado la economía, por los TLC y por el control de las empresas transnacionales del sistema financiero nacional y de otros sectores estratégicos del aparato productivo y de servicios; en la coyuntura, para el primer semestre de 2017, este marco estructural se mantiene, tanto así que las importaciones fueron equivalentes al 180% de las importaciones.

En la Tabla que continúa podemos apreciar en qué consisten las exportaciones del país en este primer semestre, resaltando que cerca del 45% del total de estas son parte del sector textil, es decir que, dado que las exportaciones totales representan el 40% del PIB, gran parte de ese 23% estuvo fundamentado en un sector maquilero con una de las condiciones laborales más deplorables de las ramas productivas nacionales; es más, del total de las principales exportaciones, el 52% es de maquila y otros bienes de ensamble que dan un bajo nivel de valor agregado y se sostienen por los bajos salarios, la poca inversión en bienes de capital y el paraíso fiscal que las protege.

Otros de los rubros que destacan por su alta participación, son productos agrícolas (entre ellos el azúcar), industria controlada por un sector oligopólico de ingenios de bajo desarrollo de composición orgánica de capital (seguimos exportando materias primas) e intensiva en uso de métodos nocivos social y medioambientalmente. El café, que tiene un potencial de producción mayor a los 4 millones de quintales oro anuales, ahora solo produce alrededor de 700,000 quintales, es así que sus exportaciones representan menos del 3% de los principales bienes exportados en el primer semestre. Esto se ha traducido en menores capacidades de desarrollo inter e intra-sectorial en las economías locales y la constitución de economías comunitarias de escala en los territorios donde se expanden los monocultivos, como la caña[1].

Además, en plena crisis de acceso al agua, la Tabla anterior muestra que el manejo con fines lucrativos del agua es un negocio en este país; las plantas embotelladoras y de elaboración de bebidas exportan del país aproximadamente 10 millones de dólares mensuales mediante la extracción del agua del subsuelo, sin regulaciones ambientales, sociales ni fiscales, esto mientras la mayoría del país no tiene acceso a agua potable y los hogares pobres (que tienen acceso en las ciudades) pagan uno altos precios por este líquido básico. Este es otro absurdo más del modelo neoliberal.

Por otra parte, las comunidades aledañas a las grandes plantas que exportan el agua, tienen un limitado acceso a agua potable, sin que estas empresas tengan que asumir ningún tipo de responsabilidad. Este tipo de prácticas son las que se buscan continuar con leyes como las presentadas por los partidos de derecha que le brindan a la ANEP el control sobre la gestión y regulación del agua, ignorando propuestas surgidas participativamente desde las comunidades.

El incremento del déficit comercial genera la necesidad de divisas en las economías más rezagadas, que las hace crecientemente más dependientes del ahorro externo y, por lo tanto, de los flujos de capital transnacional, tanto en inversión directa como de cartera. Por otra parte, los capitales que se movilizan hacia estos países son los que buscan rentabilidades mayores y reproducción de su capital invertido en el corto plazo, de ahí que la característica de estos capitales es que son rentistas, no respetan los derechos laborales, sociales o ambientales, además de ser capitales financieros especulativos.

 

  1. Sector público y la trampa de la deuda

Hemos mencionado el débil dinamismo y poco peso que la demanda del sector público tiene en la economía nacional, con dos agravantes, por un lado, esta demanda se mantiene principalmente (como hemos dicho) con los impuestos de los hogares, lo que hace que el excedente que el Estado le quita a los hogares tenga un impacto menos dinámico si este excedente lo gastaron directamente los hogares, dado que el multiplicador del Estado es 1, esto para economistas. Se daría una situación contraria si los impuestos los pagara el capital, dado que estos no gastan en un consumo mayor con sus utilidades, como resultado de que ya sus necesidades las tienen satisfechas, fenómeno que se hace más grave pues estos grandes capitales no invierten en el país, o sea que, aun en el marco de un análisis del mismo sistema capitalista (con sus visiones, parámetros y marco teórico), la política pública está equivocada en su política fiscal.

Con este esquema de rentas e inserción en la economía mundial, la demanda del país se dinamiza levemente, sujeta al endeudamiento (tanto público como privado) y a las remesas, con la observación de que ya con los niveles de endeudamiento que ha llegado la economía nacional, este endeudamiento y las remesas no alcanzan a financiar el pago del servicio de la deuda y el déficit comercial, por lo que su impacto global es inexistente en la demanda de bienes y servicios nacionales. Ya para 2015 el total de la deuda país ascendía a los 59,292 millones de dólares, equivalentes al 238% del Ingreso Nacional Bruto, tal como se puede ver en el cuadro siguiente.

La deuda país en El Salvador

(En millones de US$)

Fuente: Elaboración propia en base a datos del Ministerio de Hacienda, Banco Central de Reserva y Banco Mundial.

1/ Deuda Previsional se refiere al valor actuarial calculado por el Gobierno, que para el 2013 fue de US$ 24,028 millones.

2/ Deuda de los hogares = Préstamos destinados al consumo y a la compra y venta de vivienda.

3/ Deuda de las empresas nacionales = Préstamos destinados a la agricultura, industria, comercio, servicio y otros préstamos no clasificados.

 

Con estas consideraciones, el análisis de la crítica situación financiera del Estado no puede estar simplemente vinculada a la composición del gasto público. La privatización de las pensiones ha supuesto una fuerte presión sobre el endeudamiento, la deuda del Sector Público No Financiero (SPNF) ha pasado de 9,332.52 millones de dólares en 2009 a US$ 12,785.29 millones en mayo 2017, un aumento del 37%, pero que le permite estabilizarse alrededor del 47% del PIB. Sin embargo, la deuda del Sector Público Financiero, donde están incluidas las pensiones, se ha más que duplicado, pasando de US$ 1,634.1 millones en 2009 a US$ 4,911.82 millones en mayo 2017, que implica un aumento del peso de esta deuda de 7.9% del PIB a 16.2%, esta deuda se refiere únicamente a la de los CIP, porque la deuda previsional es mayor a los US$ 24,000 millones.

De este modo, un creciente déficit y correspondiente endeudamiento, agudizado por un esquema de pensiones privatizado (que ha retribuido a propietarios de las AFP con la recuperación de su inversión inicial en más del 100%), ha generado presiones para encontrar nuevas fuentes de financiamiento. El bloqueo de los grupos hegemónicos tradicionales del país no ha permitido crear una estrategia frontal para atacar el problema de las finanzas públicas y, por el contrario, la dinámica de la deuda se ha incrementado como mecanismo para sostener los problemas financieros.

[1] Magaña, J. (2015). Tendencias del CAFTA-DR y AdA en los monocultivos. Caso de la caña de azúcar en El Salvador. En “Impactos de los TLC en la Soberanía Alimentaria de Centroamérica”. Observatorio Regional de TLC’s, Managua.