BRICS: un desafío a futuro para las potencias hegemónicas del G7

BRICS

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En principio el acrónimo surge como BRIC para identificar a las cuatro economías emergentes con más alto índice de crecimiento y por ende un elevado PIB: Brasil, Rusia, India y China. Este término fue acuñado en el 2001 por el economista británico Jim O’Neill, director de investigación económica de Goldman Sachs, entidad financiera de Nueva York, aunque es hasta en el 2008 que el mismo grupo se reconoce oficialmente como tal. En el 2011 al unirse al grupo Sudáfrica el BRIC se convierte en BRICS y de este modo es como se les identifica hasta hoy[1].

Respecto de los primeros cuatro se dice que “Se trata del grupo de países con economías emergentes más fuertes del mundo tanto por la riqueza de sus recursos naturales y energéticos, como por el tamaño de su producto interno bruto, su crecimiento sostenido y el volumen de sus exportaciones, al igual que por la cantidad de sus habitantes, la extensión de su territorio y el poderío de sus ejércitos […] Su actuación coordinada y conjunta en diferentes instancias y escenarios mundiales los ha convertido en un grupo de importancia geoestratégica cuyas opiniones y políticas necesariamente tienen que ser aquilatadas aun por las potencias industriales tradicionales y por todas las naciones…”[2].

Solamente para el año 2009 los cuatro grandes BRIC “sumaron el 95.5 por ciento del PIB norteamericano, entre el 15 y el 20 por ciento del Producto Interno Bruto del mundo y significan 2,733 millones de seres humanos (1,300 millones China, 1,100 India, 190 Brasil, 143 Rusia), más del 40 por ciento de la población mundial, así como el 25 por ciento de la superficie del planeta. Los cuatro países son poseedores del 40 por ciento del oro y de las divisas fuertes del mundo; China sola tiene la mayor reserva del mundo en dólares. Rusia es el principal proveedor de gas en Europa y Brasil se prepara para incorporarse al club de los grandes productores de hidrocarburos en el mundo […] Además China cuenta con el ejército más poderoso del mundo y Rusia es la segunda potencia mundial nuclear y el segundo fabricante mundial de equipo militar y armamento, sólo precedido en ello por Estados Unidos”[3]. Obviamente si a esto se agrega Sudáfrica este potencial aumenta.

A este enorme potencial de recursos, hay que añadir que el grupo de los BRIC, desde que formalizan su integración en el 2008, definen en la Cumbre de Yekaterimburgo (Rusia) en junio del 2009, “puntos de vista comunes sobre problemas económicos mundiales” […] El grupo quiere además una reforma más rápida y mayor peso en el Fondo Monetario Internacional y que se ‘promuevan relaciones de igualdad’ entre países, en lugar de ‘mediar entre el Norte y el Sur’[4].

Estos planteamientos rompen con el esquema tradicional de los países hegemónicos, llamados también países ricos y que conforman el G7: Estados Unidos, Alemania, Canadá, Francia, Italia, Japón, Reino Unido, quienes no solamente controlan la OMC, el FMI y el BM, sino que además controlan con el concurso de sus políticas económicas el rumbo del comercio internacional, el flujo financiero mundial y los tratados de libre comercio en sus respectivas áreas de influencia. Sustentar por parte de los países emergentes ‘reformas’ al comercio, al FMI y disminuir las asimetrías entre los países ricos y los no ricos, coloca en entredicho la hegemonía que el G7 ha venido imponiendo en el mundo aun a los países emergentes.

Los emergentes ven, por su parte, en su integración económica una fórmula capaz de contrarrestar dicha hegemonía, pero asimismo son conscientes que no pueden lograrlo en tan corto plazo. Por ejemplo, Goldman Sachs considera que las cuatro economías BRIC podrían convertirse en las cuatro economías dominantes hacia el año 2050, lo que indica, según sus cálculos y análisis, que no es tan inmediato que la hegemonía del G7 podría ser desplazada, no obstante su crecimiento económico acelerado y sostenido, sobre todo en el caso de China. En consecuencia, al parecer, y de no ocurrir nada extraordinario, estas economías emergentes estarían hegemonizando la economía internacional del planeta en el término de cuatro o cinco décadas.

En efecto, en un sesudo artículo de opinión de Ignacio Ramonet publicado en Le Monde diplomatique en español inicia planteando, refiriéndose a China, que ésta “se halla aún lejos de representar un auténtico rival para Washington. En 2015, Estados Unidos sigue ejerciendo una indiscutible dominación hegemónica sobre el planeta […] Lo cual no significa que China no haya realizado prodigiosos avances en los últimos treinta años. Nunca en la historia, ningún país creció tanto en tan poco tiempo”[5]. Aún más, Ramonet apunta que “poco a poco, y a pesar de sus considerables flaquezas, Pekín va configurándose efectivamente como la única potencia capaz de establecer, a mediano plazo, una verdadera ‘rivalidad estratégica’ con Washington. El presidente Barack Obama no se equivoca cuando identifica a China como el país que podría disputarle a Estados Unidos –en la segunda mitad del siglo XXI–, su hegemonía planetaria”[6].

Una prueba de estas ambiciones es la creación de reciente data del Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (AIIB, por sus siglas en inglés) por medio del cual China estaría en capacitad de competir con el FMI y el BM controlados por Occidente y el BASD controlado por Japón. Esto explica por qué Washington y Tokio no se han adherido al recién creado banco como miembros fundadores, pero no han podido evitar que aliados suyos como Alemania, Reino Unido, Francia, Italia, Países Bajos, Australia, Corea del Sur, España, entre otros, no lo hayan hecho. Obviamente el conjunto de los BRICS son miembros fundadores y como tales aliados estratégicos de China en esta carrera por reformar las reglas del juego financiero, pues a diferencia de lo que ocurre en el FMI en donde existe el derecho de veto, ningún país miembro tiene tal derecho en el AIIB.

Ramonet bautiza el surgimiento del AIIB, del Nuevo Banco de Desarrollo BRICS y otras entidades financieras similares como “la arquitectura financiera mundial alternativa”, que permitirá disminuir la dependencia de los organismos financieros dominados por Occidente y Japón y librar la batalla por la moneda en contraposición a la hegemonía del dólar estadounidense.

Por lo anterior es evidente que del grupo BRICS China es la economía de mayor crecimiento, y en conjunto, representan a futuro un desafío inminente para las potencias del G7. Pero todavía China tiene que luchar contra las enormes bolsas de pobreza en el interior de sus provincias y con un PIB por habitante muy por debajo de los Estados Unidos, aunque su economía en términos globales representa el 16,5 % de la economía mundial frente al 16,3% de Estados Unidos, en parte debido a su enorme masa demográfica de más de 1,000 millones de habitantes.

En todo caso los BRICS en tanto economías emergentes con objetivos e intereses comunes muestran una tendencia a convertirse en un bloque hegemónico, que los teóricos de las relaciones internacionales han dado en llamar el “Nuevo Orden Mundial”.

Sobre este asunto del grupo BRICS y el Nuevo Orden Mundial, José Miguel Monjarás Rivas et al comentan lo siguiente: “El reordenamiento de la economía mundial ha dado lugar a un importante posicionamiento y a una mayor participación de los países emergentes, tal es el caso del Grupo BRICS. La mayoría de los agentes económicos están de acuerdo en que estos países tienen un gran potencial, no sólo en el presente, sino también en miras hacia el futuro […] Conscientes de este mayor peso económico e importancia internacional, el grupo BRICS intenta cooperar entre ellos y han iniciado un trabajo coordinado para mejorar su representatividad conjunta en las reuniones multilaterales a fin de aumentar su capacidad de influencia en el diseño y en las decisiones económicas mundiales”[7].

De hecho en los foros internacionales las decisiones unilaterales del G7 se ven contrapesadas por las posiciones de los países emergentes y de los países no alineados + China, configurando un nuevo orden cuyo fundamento está basado en relaciones de cooperación y coordinación, tal como lo hacen los BRICS y que tienden a extenderse a otros ámbitos como lo son MERCOSUR, ALBA y la CELAC en América Latina y el Caribe. Sin embargo, la hegemonía de los intereses imperiales de los Estados Unidos y sus aliados son todavía lo suficientemente fuertes como para sostener por largos años esta dominación hegemónica sobre el planeta sin que su aparato militar y tecnológico (el más poderoso del mundo) y su cultura de masas se derrumbe, lo que muestra que lo que realmente se está dando en los hechos es un proceso de transición hacia un nuevo orden que todavía no está en firme. Lo nuevo que pugna por nacer y lo viejo que se niega a morir, diría Antonio Gramsci.

En otras palabras lo que está en el fondo de la cuestión, es la configuración de un nuevo capitalismo global de nuevo cuño que busca alejarse del intercambio desigual que ha sido la norma en el comercio internacional, de las asimetrías que caracterizan los tratados comerciales y del flujo financiero como mecanismo de dominación. Los BRICS son la vanguardia de este nuevo orden mundial cuyos efectos políticos muy difícilmente pueden identificarse, pero que claramente sobrevendrán a raíz de esta naciente configuración.

Desde el punto de vista teórico, según el trabajo de investigación de José Miguel Monjarás Rivas et al, ante un Estado incompetente para hacer frente a la interdependencia creciente del mundo moderno, es inevitable la creación de organizaciones o bloques tendientes a facilitar y estimular la cooperación internacional como una de las alternativas para poder responder a esta incompetencia. En este sentido se plantea la necesidad de identificar aquellas áreas de la actividad estatal en las que la existencia de intereses comunes hace posible emprender acciones conjuntas. Una vez identificados esos ámbitos de interés común en los que es posible emprender acciones conjuntas, el paso siguiente consiste en iniciar la cooperación internacional mediante la gestión intergubernamental. La formación de bloques de integración nace, en consecuencia, básicamente de una necesidad funcional, en la cual cada uno de los Estados decide integrarse a un bloque, porque ve en ello una oportunidad de aumentar el bienestar de sus ciudadanos o simplemente por una cuestión de interés nacional. El grupo de países emergentes BRICS ha buscado la integración como bloque para poder enfrentar de manera interestatal diferentes desafíos, teniendo en común niveles de crecimiento considerables, significando, por tanto, una mayor incidencia no sólo en la economía internacional sino manteniendo una participación mucho más activa en la solución de los problemas que atañen a la comunidad internacional.  En síntesis, el grupo BRICS ha identificado áreas estratégicas para reforzar la cooperación y la integración, planteando sus intereses comunes para emprender acciones conjuntas como la implementación de una moneda de reserva, la reconfiguración del sistema de comercio internacional, la creación de un banco de desarrollo, mayor cuota de participación dentro de los organismos internacionales, posturas unánimes ante coyunturas internacionales encaminadas al respeto del marco institucional internacional, entre otros[8].

Se espera de esta nueva tendencia una configuración que democratice la economía internacional y distribuya en consecuencia la riqueza del mundo en la mayoría de la población que apenas logra sobrevivir ante el hambre y el desempleo desenfrenado que impera en todos los continentes del planeta.

[1] BRICS – Wikipedia, la enciclopedia libre.

[2] Gabriel Mario Santos Villarreal. “Grupo BRIC (Brasil, Rusia, India y China)”. Centro de Documentación, Información y Análisis/Dirección de Servicios de Investigación y Análisis. LXI Legislatura, Cámara de Diputados, Estados Unidos Mexicanos.

[3] Ibid.

[4] BRICS – Wikipedia, la enciclopedia libre.

[5] Ignacio Ramonet. “China, megapotencia financiera”. Le Monde diplomatique en español. N° 235, Mayo 2015.

[6] Ibid.

[7] José Miguel Monjarás Rivas. “El Grupo de Economías Emergentes BRICS y la Reconfiguración del Orden Mundial. Potencialidades de Relaciones Estratégicas para El Salvador. Período 2008-2013”. Tesis de Licenciatura en Relaciones Internacionales. Universidad de El Salvador, pp. 35-36.

[8] Ibid, pp. viii y ix, Introducción.