Argentina: beneficios de la desdolarización en lo social y disminución deuda pública

argentina desarrollo

En el artículo anterior establecimos claramente que la desdolarización en Argentina tuvo efectos favorables sobre la macroeconomía del país, así el PIB per cápita se incrementó entre el año 2002 y 2015 (de $5,690.58 a $12,873),  debido a que el PIB real de Argentina se incrementó en promedio 4.85% anualmente durante los 13 años de desdolarización y de reforma neoliberal, el PIB nominal que es lo que normalmente vemos se aumentó en un 9% promedio anual entre los años 2003 y 2015; la recuperación de la soberanía monetaria en Argentina en cuanto al comercio exterior generó un impacto positivo que se expresó claramente ya que entre el año 2003 y 2014 la balanza comercial tuvo un balance positivo promedio de $11,795 millones; la desdolarización en Argentina no provocó una corrida de la Inversión Extranjera Directa, su crecimiento fue constante, desde el año 2004, así a partir del año 2005 esta superó los $5000 millones anuales, alcanzando un pico máximo en el año 2012 de $12,873 millones; en conclusión en la parte macroeconómica la desdolarización tuvo efectos positivos y contundentes en la economía Argentina. En este segundo artículo demostraremos en primer lugar los efectos positivos sobre la deuda, para luego profundizar sobre los efectos positivos sobre la población que generó la desdolarización en Argentina, sin duda los primeros años fueron de intranquilidad por la campaña de la derecha y los Organismos Financieros Internacionales como el FMI.

El bienestar económico y social de una población debe estar garantizado por el Estado, por medio de las políticas económicas y sociales que aplica, y su medición   se puede hacer a través de factores que inciden directamente e indirectamente en la calidad de vida de las personas,  que permiten una existencia con acceso todos aquellos elementos que dan lugar a una condición humana digna.

Para medir si la desdolarización tuvo efectos positivos sobre la condición humana de los argentinos es necesario revisar cómo han evolucionado aspectos de carácter económico y social, como el empleo y el desempleo, la cobertura previsional, los niveles de deuda, la indigencia y pobreza, entre otras variables.

Es ampliamente conocido que la economía de Argentina, en los años 90´s atravesó por un proceso de dolarización (denominado Caja de Convertibilidad), dolarización que planteaba muchos beneficios  de carácter macroeconómico y social, los cuales no llegaron, por el contrario esta dolarización terminó en una profunda crisis económica y social para el año 2002.  Este proceso de dolarización y neoliberalismo culminó con la entrada al poder de Néstor Kirchner,  es así que en ese mismo año se aplicó la Ley de “Emergencia Pública y Reforma del Régimen Cambiario”,  un proyecto de ley, que enmarcaba la salida de la caja de convertibilidad en Argentina y así dar poder al Gobierno para que este pueda decidir sobre la política cambiaria y el nuevo valor del peso, trasladando a pesos las tarifas y los saldos de las tarjetas de crédito, y hasta detener los despidos injustificados durante 180 días, además comienza un proceso de desmontaje de muchas medidas neoliberales, o sea, que se pasa a construir un nuevo modelo económico, el cual se combina con un cambio profundo en las relaciones económicas y políticas en el marco mundial.

 

LA DEUDA PÚBLICA.

 En primer lugar analizaremos la deuda pública que durante el modelo neoliberal y dolarización se incrementó exponencialmente, así en el período 1993 – 2002 pasó de un 29.4% en relación al PIB al 145.9%, por ser esta fuente la única forma que tenía el Gobierno para enfrentar las crisis generadas por los choques externos, dada la pérdida de la política monetaria y cambiaria, el anclaje absurdo al dólar y la pérdida de prestamista de última instancia del Banco Central de Argentina.  El FMI es el que asume la función de prestamista de última instancia, es así que cuando suspendió para mantener la caja de convertibilidad, se da el default. Recuperada la soberanía monetaria en Argentina, el porcentaje de la deuda del gobierno central fue disminuyendo hasta llegar a 41.6% en el 2011, de los cuales el 27.5% pertenece a deuda interna y 14.1 a la deuda externa[1].

La evolución de la deuda externa es resultado del proceso de renegociar exitosamente, donde los intereses soberanos del país predominaron, dando como efecto una disminución del monto bruto de capital e intereses, así como el cambio de las monedas en las que estaba registrada y en los plazos involucrados.

En diciembre de 2015, año en el que concluyó el Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, la economía tenía una deuda externa equivalente  a un tercio de la deuda que existía en el año 2001. La deuda actual, en un 13% se encuentra en manos de inversores extranjeros y el resto en entidades gubernamentales e inversores locales.

Para 2014 la deuda pública nacional ascendía a $221,700 millones, equivalente al 43% del PBI. De este total, la deuda externa representa solamente el 13% del PIB.  Según las proyecciones para 2015, la deuda pública nacional ascendería a $240,000 millones. Excluyendo de esta cifra la deuda pendiente con los holdouts (deuda que está compuesta por valores renegociados con algunos acreedores y los valores que tiene acreedores que no quisieron renegociar la deuda y abrieron un juicio contra el Estado argentino en los juzgados de Nueva York, Argentina hasta el Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner se rehusó a acatar la decisión amañada del juez de Nueva York y denunció ante las Naciones Unidas), la cual asciende a 15,000 millones, lo que representa el 3% del PIB.

G1 deuda externa porcentaje pib

Sin duda, el modelo neoliberal y la dolarización en Argentina, le ha traído y dejado inmensos costos financieros, esto a pesar de haber logrado reducir la deuda después de la dolarización, los cuales son ofensivos ante las condiciones de vida de muchas familias argentinas y el nivel de desarrollo de su economía. Esto se concreta en el hecho que desde el año 2003 al año 2015, el pueblo argentino ha pagado un total  de 145,000 millones de dólares por la deuda externa soberana original (capital e intereses) y todavía debe pagar 80,000 millones de dólares en los próximos 12 años[2], y tuvo una fuga masiva de más 60,000 millones de dólares antes de la desdolarización: Este este es el capitalismo salvaje que sigue dominando el mundo y  que permite que el imperio del dólar siga funcionando hasta ahora.

IMPACTOS SOCIALES POSITIVOS DE LA DESDOLARIZACIÓN EN ARGENTINA:

 

  1. La pobreza y el empleo en Argentina.

En materia de pobreza, la crisis del 2001 hizo que  esta se profundizara más allá de los graves niveles que ya había provocado el modelo neoliberal y su caja de convertibilidad. A partir de la recuperación del Estado de Argentina y su soberanía monetaria y el desmontaje del neoliberalismo en el año 2002, se  inicia una reversión de los niveles de pobreza como se puede ver en el Gráfico N° 2, en este se  presentan los índices de incidencia de la indigencia y la pobreza.

G2 incidencia de la indigencia y pobreza

Fuente: Instituto Nacional de Estadísticas y Censos, INDEC.

 

Como podemos apreciar en el gráfico anterior, las disminuciones en la pobreza y la indigencia son de carácter profundo y estructural, esto permite concluir que cuando un  país adquiere soberanía en su economía como en el caso de Argentina que se desdolarizó y asume al ser humano como centro de su política económica, es posible desactivar de manera importante la pobreza y la indigencia que el modelo neoliberal ha provocado en los países de América Latina; efectos que han sido peores en los países que se dolarizaron como Argentina y El Salvador, así como otros países en Europa que perdieron su soberanía monetaria sometiéndose al Euro, caso de Grecia, España, Portugal, Italia, Chipre. Ecuador por su petróleo y las remesas de los ecuatorianos financió la dolarización y con más endeudamiento pudo aliviar los problemas sociales, pero ahora con la crisis del petróleo y la caída de las remesas provenientes de Europa, ha entrado a la dinámica de Argentina y El Salvador, por lo que ya buscan caminos para dejar el dólar y recuperar su soberanía monetaria.

En Argentina desde el año 2003 el gobierno impulsó programas de desarrollo social, a través de la mejora de las condiciones laborales, el “Plan Manos a la Obra (2003)”, este se orientó a las familias o grupos en situación de desempleo abierto o desocupados plenos y a los subempleados, que se encontraban en situación de pobreza o vulnerabilidad social, las cuales recibían apoyo del Gobierno, para que desarrollaran actividades productivas que ya tenían o desarrollaran nuevas.

En 2009, el “Programa Ingreso Social con Trabajo”, se dirigió a la población desocupada (y zonas del país) en situación de alta vulnerabilidad social-laboral, así se logró fomentar el cooperativismo social y la generación de puestos de empleo genuinos, a través de cooperativas de trabajadores.

G3 evolución del empleo y desempleo

La aplicación de políticas públicas sociales dirigidas al sector laboral han permitido que durante el período 2003-2015, los niveles de empleo  crecieran de un 35 y 45 por ciento, y por otro lado, se ha logrado reducir los niveles de desempleo que para 2003 se encontraba en 17.8%, para 2015 se redujo a un 6.6%.

En cuanto a la evolución del Empleo Privado Registrado, durante el período 2003-2014 mostró mejoras continuas, empleando en el 4° trimestre de 2014 un total de 2,560,371 más que en el 4° trimestre del  año 2003, esto significa un incremento de 66% en el período. Los impactos positivos de la desdolarización en Argentina en la generación de empleo y reducción del desempleo y subempleo son contundentes.

G4 evolución del empelo privado registrado

El impacto positivo en el mercado laboral, además se expresó través de las políticas de trabajo, autoempleo y vulnerabilidad, que permitieron recuperar  las instituciones del trabajo y la protección de este, como el vector valioso de integración y participación, así como a través de la política de promoción de autoempleo que se dirigió a la población en condiciones de vulnerabilidad, esto permitió que las nuevas políticas laborales lograran dos aspectos: 1. Diferenciarse del asistencialismo focalizado y de la transformación del trabajo en recurso de la asistencia, y, 2. Se incorporó para sí, el objetivo de desarrollar formas de ocupación “genuinas”. Entre ambos aspectos  se mantuvo la distinción del sujeto y su relación con el mercado de trabajo.

 

  1. Impactos de la desdolarización en Argentina en la distribución de los ingresos de la economía.

Al sostener que el problema de los ingresos, es la base fundamental de las condiciones de pobreza en una economía de mercado, el acceso a un empleo constituyó el pilar fundamental para  reducir dicho flagelo y mejorar las condiciones de vida de la población en general y específicamente de la más vulnerable. En Argentina como resultado de las políticas laborales y de desarrollo social, entre los años 2003 y 2012, se crearon más de 5 millones de puestos de trabajo. De estos, más del 60% fueron puestos de trabajo protegidos por la seguridad social, es decir, registrados en el sistema, con mejoras en los salarios, a partir de la generalización de la negociación colectiva y a través del acceso a las obras social y otros beneficios del sistema laboral.

Estos no fueron los únicos logros. Se pusieron en marcha otras políticas de inclusión entre las que queremos señalar, en primer lugar, la Asignación Universal por Hijo (AUH), puesta en vigencia en octubre del 2009. Esta política se destaca tanto por la población objetivo – los niños/as y adolescentes (hasta18 años) sin cobertura del sistema de asignaciones familiares, como por las características de los hogares a los que está dirigida. En este sentido, es importante destacar que la AUH fue incluida en el sistema de Asignaciones Familiares como un subsistema no contributivo para los hijo/as de trabajadores informales, desocupados y a otros colectivos vulnerables. Su cobertura alcanza a 3,5 millones de niños/as y a más de 1,8 mil hogares.

El otro aspecto que es necesario resaltar es el referido al avance de Argentina en términos de  la reducción de las desigualdades en esta última década. Los indicadores de desigualdad que habitualmente se consideran para evaluar los efectos distributivos de las políticas públicas, son el índice de Gini y la relación entre los ingresos medios del decil más alto y el promedio de ingresos del primer decil de la distribución, que se refiere a los ingresos más bajos. En cuanto al coeficiente de Gini este bajó entre el 2003 y el 2013 del 0.53 al 0.42, es decir, casi un 19%. Debe señalarse que esta es una de las reducciones más importantes de la historia reciente en el mundo. En cuanto al segundo de los indicadores, la relación entre el ingreso promedio del decil más alto y el ingreso promedio del decil más bajo, este se redujo de 33,5 a 17,5 veces. Esto quiere decir que en el 2003 el ingreso medio de los hogares de más altos ingresos representaba más de treinta tres veces el ingreso medio de los hogares de ingresos más bajos. Esta relación bajó a casi la mitad.

G5 gini de argentina

 

  1. Impactos de la desdolarización en Argentina en las pensiones.

A partir del 2006 se incorporaron más de 2,5 millones de nuevos jubilados mediante una moratoria previsional o Plan de Inclusión Previsional, que se puso en marcha en el 2006. También tuvo un impacto importante en la cobertura del sistema previsional, la incorporación de más de 1 millón de personas, entre 2003 y 2012, al sistema de Pensiones No Contributiva (PNC), básicamente a través de los beneficios por vejez, invalidez y madres de 7 o más hijos. Estos avances en la incorporación de adultos mayores permitieron que el 93 % de los adultos mayores estuvieran cubiertos por el sistema de protección social.

G6 evolución de la cobertura previsional

Finalmente, para  el profesor Saúl Keifman (de la Universidad de Buenos Aires[3]) la dolarización se basa en una profunda ignorancia de los mecanismos de las economías modernas de mercado:  primero, porque la mayoría de los contratos salariales y de crédito son nominales y, por lo tanto, rígidos, poco flexibles a cambios en las condiciones de la demanda; y segundo porque se ignora que la mayoría de los países son inherentemente inestables dentro de una economía globalizada, ya que están  sujetos a diversas perturbaciones, sobre todo las economías pequeñas y dependientes de pocos productos de exportación. Por lo tanto, los Bancos Centrales producto de su evolución histórica, cuando mantienen su soberanía monetaria, brindan instrumentos que permiten intervenir para paliar las fluctuaciones de la economía, esto se refleja porque una economía dolarizada no tiene futuro a largo plazo.

 Además, si las políticas sociales siguen basadas en las expectativas de una distribución progresiva a través del crecimiento por mecanismos del mercado, las perspectivas de una mejora en las condiciones de vida serán precarias. Conjuntamente y más allá del debate sobre el régimen cambiario (dolarización), existe una marcada evidencia de la incapacidad de las fuerzas del mercado para conducir a un crecimiento económico compatible con la igualdad, la superación de la pobreza y la armonía con la naturaleza, es decir, un verdadero desarrollo sostenible. Lo que confirma que no solo es necesario primero crecer para que después por default se logre el desarrollo como se propuso con el modelo neoliberal, sino que el crecimiento y el desarrollo deben ir evolucionando paralelamente y de forma complementaria, tomando en consideración la idiosincrasia de cada uno de los países.

 

[1] Estadísticas CEPAL. www.eclac.org.

[2] La “Herencia K”: Memoria y Balance final 2003-2015. www.artepolitica.com.

[3]Saúl Keifman, Notas sobre la Dolarización, Grupo Fénix.