Deuda pública y alimentación de la burbuja financiera: mecanismos para sacar de la crisis al capitalismo

Deuda pública y alimentación de la burbuja financiera

La deuda pública y la alimentación de la burbuja financiera son otros encadenamientos o mecanismos para sacar de la crisis al capitalismo, lo que hasta ahora no les ha funcionado y ha generado la trampa de la deuda soberana con amenazas crecientes de una suspensión de pagos o default si el PIB nominal no crece y las tasas de interés comienzan a recuperarse, como se prevé al suspender la FED la expansión monetaria. La tendencia hacia una fuerte desvalorización del capital financiero y real, con quiebras generalizadas en las economías dominantes, las economías emergentes y las pobres, cada vez está más presente. La recesión llegó a Japón.

El  exceso de liquidez es, por tanto, consecuencia de un proceso de sobreacumulación y la política de flexibilización cuantitativa ha subsidiado los problemas de realización, a través del financiamiento público de la política monetaria y el endeudamiento generado.

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A partir de 2007 la deuda pública de los países, que han utilizado la expansión monetaria para mantener la lógica de “demasiado grande para caer”, entra en una dinámica de crecimiento acelerado. Estados Unidos, como se muestra en el gráfico 1, ha pasado de una deuda del 64% del PIB en 2007, a 105.6% para 2014, según las estimaciones del FMI. Del mismo modo, la Zona Euro ha tenido un incremento en su deuda pública del 66.5% a 96.4% en 2014.

El caso de Japón es ejemplificante, la deuda japonesa  (medida en el eje derecho del gráfico), ha sido particularmente elevada. Si para inicios de los 2000 era de 153.6% del PIB, para el estallido de la crisis alcanzaba el 183% y, dada la agudización de la agresiva expansión monetaria, llegaría a 245.1% del PIB. Esto, Vinculado con los resultados anteriores de liquidez e inversión de la economía japonesa.

De esta manera, se pude comprender que las políticas de estímulo monetario no han tenido los efectos buscados sobre la inversión y el consumo y se vuelve un subsidio del trabajo a los problemas de acumulación del capital.

De modo que, dado el carácter de conflicto de clase en el proceso de sobreacumulación, éste se traduce, con los efectos de la flexibilidad cuantitativa, en que el exceso de liquidez de la clase capitalista se está dedicando a reestructurar la deuda de las empresas y alimentar burbujas en el sistema financiero.

En este sentido, la revista The Economist señalaba que “Las tasas bajas impactan directo en las finanzas, pero no en la inversión. Las empresas emiten nueva deuda aprovechando la baja tasa de interés, pero utilizan el cash para refinanciar préstamos o constituir fondos por prevención”, es decir, toman deuda para reestructurar pasivos aprovechando las bajas tasas de interés, o para financiar recompra de acciones.

Por otro lado, el mercado financiero, sobre todo en los mercados estadounidenses, luego del estallido de la crisis financiera ha retomado una dinámica de recuperación y un rápido crecimiento del valor de los activos. Esto implica que las medidas de flexibilización monetaria, al imponerse condiciones de sobreacumulación, han apoyado la inflación de activos financieros, en lugar del objetivo buscado en la economía real. Esto se puede observar en el gráfico 2.

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El comportamiento de los índices bursátiles de los mercados estadounidenses muestra un fuerte ajuste en el precio de los activos a partir del segundo trimestre de 2009. Desde su punto más bajo, el Índice Dow Jones ha tenido un incremento de 155%, pasando de 6,547.05 unidades a más de 17,000 unidades entre julio y las primeras semanas de octubre  2014. El índice S&P ha pasado de 696.3 unidades en marzo de 2009 a cerca de las 2,000 unidades entre septiembre y octubre 2014, esto es un incremento del 186%.

Sin embargo, las últimas dos semanas de octubre la valoración de la bolsa se encuentra sufriendo ajustes hacia la baja. El Dow Jones ha mantenido su tendencia alrededor de los 16,140 puntos y el S&P 1,860 unidades.

En las bolsas de Europa y Japón, la inflación del precio de los activos, luego del estallido de la crisis financiera, no ha sido tan drástica como los mercados estadounidenses. El Eurostoxx tocó su mínimo el 9 de marzo del 2009 a 1,809.92 puntos y a partir de ese momento se ha dado una tenue recuperación hacia 2,892.55 unidades en octubre de 2014, esto es, una recuperación del 59.8%.

El mercado japonés, medido en el Nikkei 225, de forma similar llegó a su mínimo en marzo de 2009, con 7,086.03 unidades. Se mantuvo prácticamente estancado hasta un repunte a partir de noviembre de 2012, donde alcanzó las 15,808.73 unidades en enero 2014. A lo largo del año se ha mantenido oscilando entre las 14 mil y 15 mil unidades sin drásticas variaciones.

El rápido y pronunciado crecimiento del valor de los activos financieros en los mercados de Estados Unidos da cuenta de un fenómeno de aumento de capital ficticio, esto es, títulos que representan capital inexistente. La política de estímulos de la FED bajo las condiciones de baja inversión y crecimiento ha estimulado que el mercado financiero incremente la separación del valor de mercado y el valor real que representan los activos financieros.

De este modo, el capital ficticio se forma por capitalización,  las bajas en la tasa de interés aumentan el valor de los títulos. Las tasas de interés de largo plazo vienen con una tendencia negativa, en concordancia con la sobrevaloración de los activos. Este proceso se ve amenazada por las perspectivas de la subida de las tasas de interés.

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Así el escenario cambia ahora y se genera especulación sobre la subida de las tasas de interés de corto plazo, producida por el abandono de la política monetaria de Estados Unidos anunciada a finales de octubre. El FMI estimaba, en su informe WEO, incrementos en la Libor-Dólar a seis meses no mayores al 1% para 2015. Goldman Sachs, en el informe US Equity Views[1], estima que las tasas de interés efectivas de los fondos de la Reserva Federal alcancen entre el 2% y 4% para 2018.

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En tanto la masa de capital ficticio se forma en la medida que el valor de los activos financieros aumenta sin correspondencia a los movimientos de capital real subyacente, las variaciones en las tasas de interés determinarán variaciones en el valor de los activos. Así, una subida relativamente rápida de los tipos de interés provocaría un declive de enormes masas de valor. Por otra parte, si se mantiene baja la inflación se darán incrementos reales y nominales en la tasa de interés y se agravará el problema de la deuda soberana, que estimulará mayores incrementos en la deuda para poder atender el servicio de ésta.

En 2013, cuando el segundo tramo de la flexibilización monetaria de parte de la FED terminaba y se especuló sobre una subida en las tasas de interés, hubo una fuerte venta de bonos. “Entre mayo y junio de 2013 los tenedores de bonos del Tesoro tuvieron pérdidas por caída de la valuación de los títulos por 425.000 millones de dólares, equivalente al 2,5% del PBI”[2]

Crisis y flujo de capitales hacia América Latina.

Estas condiciones en los mercados financieros de economías avanzadas tienen su efecto en mercados emergentes. Una característica de las economías latinoamericanas pos-crisis, es que, dada la volatilidad del mercado financiero se han vuelto receptoras de capitales financieros que se mueven en cortos plazos, es decir, son de naturaleza especulativa. A partir de 2007 los títulos de participación en menos del 10% de capital y los títulos de deuda de la región para capitales financieros internacionales han crecido de 15.500 millones de dólares en 2006 a 103.700 millones de dólares en 2013. La especulación sobre tasas de interés mayores en Estados Unidos ha comenzado ya en 2013 a desplazar capitales desde los países emergentes hacia estos mercados.

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En este escenario de bajo crecimiento real y expansión de capital ficticio, en condiciones de baja inversión por sobreacumulación, se dificulta la capacidad futura para hacer frente al servicio de la deuda. Esto, en la medida que la dinámica de estancamiento en la generación y realización de plusvalía cubierta por los mecanismos de crédito a través de los mercados financieros, tenderá a colapsar. Es decir, que al incrementar el valor de los activos sin haber capital subyacente llega el punto en que los medios  de pago no son suficientes para cubrir la expansión del crédito y se produce una contracción violenta de la pirámide de créditos y se evaporan los capitales ficticios. De esta manera, la caída de los precios de los títulos obliga a reponer garantías, que obliga liquidaciones masivas de títulos, que a su vez renueva la necesidad de reponer garantías.

De modo que, la dinámica actual de la economía da indicios de sostener el proceso de sobreacumulación, mientras se expande el mercado financiero. En tanto no se logre relanzar el proceso de acumulación, a través de una fuerte pérdida en el valor del capital, se mantendrán bajos crecimientos en economías avanzadas, ralentizaciones en mercados emergentes y crisis financieras cada vez más frecuentes y severas. El estallido de la crisis de 2007 se enmarca en este proceso de crisis sin sólida recuperación mediata.

Este proceso de bajo crecimiento en las economías avanzadas es confirmado, además, con los datos presentados sobre el resultado económico de las economías en el tercer trimestre del año. Japón entró en recesión en este trimestre (esto es, dos trimestres consecutivos con crecimientos negativos), esto luego que el PIB de esta economía cayera un 1.6%, anualizado, frente a una previsión de crecimiento del 2.1%. Esto se suma a la fuerte caída del 7.3% para el segundo trimestre del año. Según las autoridades japonesas, el fuerte descenso tiene una explicación en el lento crecimiento del gasto privado, consecuente con la tesis planteada anteriormente de exceso de liquidez de la clase capitalista frente al estrangulamiento de la posición relativa del trabajo y el sobre endeudamiento de los hogares. De esta manera, se explica que el aumento al IVA en Japón tuvo consecuencias mayores a las previstas en el efecto cíclico de bajo consumo. Se demuestra igual acá la  contradicción de la búsqueda de crecimiento con medidas contractivas como la subida del IVA, la trampa de la crisis sistémica salta de nuevo.

Según la oficina de estadísticas de la Zona Euro, EUROSTAT, el crecimiento del tercer trimestre de la zona fue de 0.2% y 0.3% para el conjunto de la Unión Europea. Resulta interesante que las economías que impulsan el crecimiento de la zona son Grecia (0.7%), Eslovaquia (0.6%) y España (0.5%), mientras que economías con menor crecimiento fueron Alemania (0.1%), Francia (0.3%) e Italia (-0.1%). Una heterogeneidad estructural que se define dentro de la Zona Euro entre las economías. Debemos tener cuidado igual porque el tímido crecimiento en los países del norte de Europa, realmente no es crecimiento, sino, el inició de una tímida recuperación del hoyo de la fuerte recesión vivida.

Dentro de las economías avanzadas, Estados Unidos y Reino Unido presentan las mayores tasas de crecimiento, con un  0.9% y 0.7%, respectivamente para el trimestre. Sin embargo, la expansión es menor a la presentada el segundo trimestre, de 1.1% y 0.9%. Además, el riesgo de estas economías es que las políticas de estímulo, al mantenerse la estructura de relación de clase con respecto a la liquidez, sea mayor el nivel de recursos para efectos marginales cada vez menores e impulsar, así, el mecanismo de la deuda.

 

 

[1] Goldman Sachs (2014). US Equity Views: Normalization of rates and expected returns for stocks and bonds.

[2] Astarita (2014). Economía Mundial: ¿Semi-estancamiento de largo plazo?. Disponible en:http://rolandoastarita.wordpress.com/2014/07/24/economia-mundial-semi-estancamiento-de-largo-plazo-2/